Del mismo modo que hizo con Larry Fink para conformar una alianza con un sector dinerario que le era reticente, el presidente norteamericano, Donald Trump, está atrayendo para sí a una cantidad, todavía indeterminada, de facciones del coloquial y masivamente llamado Estado Profundo, con el fin de tener una garantía de futuro para él y su dinastía en el marco estadounidense.
Para Trump, la red de grupos de élites subyacentes en el estado, pero que no fueron constituidas como partes del estado federal ni por la constitución ni por los votantes estadounidenses, debe ser partida en beneficio de poder del proyecto trumpista, convenciéndolas, a las facciones más flexibles, mediante el otorgamiento de todo tipo de concesiones y privilegios, que es más inteligente ser socias de su presidencia y dinastía.
A partir de una simbiosis con factores estructurantes del denominado estado profundo actual, el presidente de 79 años quiere construir su propio estado profundo, idea que puede parecer inaudita ante los ojos de la comunidad de expertos, pero ya se sabe que, en Trump, las nociones sensatas y descabelladas conviven sin conflicto.
Su instinto de poder y su engreimiento proverbiales, le empuja a tratar de plasmar esa idea que, externamente, puede ser plausible de realización o una ilusión de la tercera edad.
De ahí que mantenga cerca suyo (y no solamente en el Despacho Oval) a piezas relevantes del cártel de influencia y gestión del que abomina, por conocimiento y comprensiones naturales, la mayoría de los votantes de Trump.
La redefinición de la metodología externa del centro estadounidense, con la introducción operativa de la paz a través de la fuerza, también le ayuda a Trump a mantener la viabilidad de ese objetivo, favoreciéndoles, a través de la firma ejecutiva federal, a actores y agentes del estado profundo o, para ser más rigurosos, a una parte del total de participantes de la alianza de poder que se le opone a Trump desde hace una década.
Es por esto que, en la superficie de las declaraciones y de los hechos, desde partes insustituibles del bloque de poder que busca derribar a Trump se le cuestiona aún cuando Trump efectúa acciones (sensatas o zumbadas) que terminan en ganancias para las élites estadounidenses y también explica el por qué Trump tiene contentos a otros miembros del estado profundo.
Si ellos terminarán controlándole a Trump y tirando al vertedero de la historia sus grandes promesas de cambios radicales está por verse.


Deja un comentario