Era inevitable que EE.UU. y China se pusieran a dialogar para acercar posiciones genuinas, intercambiar puntos de vista, reconducir el trato económico y comercial y reiniciar la relación inter-estatal.
Afuera quedaron las estimaciones de fondo aciago y las adherencias ideológicas de una visión unilateralista del mundo.
Donald Trump y Xi Jinping manifestaron, a través de personeros y la celebración de reuniones (como las sucedidas en Suiza, durante el pasado fin de semana) que, entre sus metas, no hay un propósito de escalar a un enfrentamiento máximo, multidimensional y exterminador.
Que, cueste lo que cueste, ellos no serán, para el mundo, el “Killer Global”.
Más enfáticamente, los estadounidenses dijeron que no quieren desvincularse por completo de la economía china; en tanto, los chinos, con su estilo cultural y de relaciones públicas tradicionales, expresaron lo mismo: no quieren fracturar sus vínculos con el mercado de EE UU.
Las dos grandes potencias diseñan canales ulteriores para mejorar la interrelación con base en el acuerdo económico fijado, por ambos presidentes, en 2020, aceptando, por supuesto, los cambios situacionales que se dieron desde aquel año.
Detrás de las informaciones confirmatorias que se referían a una “tregua de 90 días”, JPMorgan Chase & Co.quitó su pronóstico recesivo para los Estados Unidos que, anteriormente, había propagado, en una posición negativa hacia la política arancelaria de Trump, para incidir en el comportamiento de los mercados y la comunidad internacional.
El banco, ahora, habla de un crecimiento económico que tendrá EE.UU., en este 2025, con valores que están por encima de la proyección que había dado antes de la famosa “guerra arancelaria”.
Acerca de China, Citigroup Inc. y otros bancos mundiales, prevén un crecimiento sólido de su economía.
Por lo visto, hay optimismo en los centros financieros internacionales.
De esta manera, la realidad admite la evaluación que hicimos en el pico de una supuesta guerra económica entre EE.UU. y China, cuando dijimos que no había, por esos días, una guerra:
La escalada arancelaria, sin precedentes, que es acompañada de un contrapunto mediático, entre los gobiernos de Estados Unidos y China es sumamente seria con efectos directos para los dos estados -y con consecuencias indirectas para otros estados-, pero no llega, hasta ahora, a la situación de una verdadera guerra económica.


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