El flamante Secretario de Estado, Marco Rubio, visitó la República de Panamá y tras mantener una conversación con el presidente, José Raúl Mulino, se dirigió a la prensa adjudicándose unos puntos a favor ya que, de acuerdo con lo consignado por el alto funcionario de Washington, Panamá atendió las preocupaciones de Trump y hasta, en un principio, le habría concedido los pedidos personales y gubernamentales que fueron formulados por el inquilino de la Casa Blanca.
De esta manera, la forma de gestión del canal de Panamá entraría en un proceso de cambio sin recurrir, por el lado de EE.UU., al uso de la fuerza militar.
Según los trascendidos, el estado panameño ayudaría a aumentar, en la práctica, el flujo de beneficios para el capitalismo mercantil y corporativista de los EE.UU. y, simultáneamente, apuntalaría a una solidez geoestratégica estadounidense en esa ruta marítima y comercial que es importante para los planes de distintos hegemones y para las lógicas económicas mundiales.
Por lo pronto, Mulino se comprometió a respaldar las actividades ligadas a su lucha contra la inmigración ilegal de Trump.
Mulino sostuvo que, en las conversaciones con Rubio, no hubo una entrega de la soberanía panameña del canal y que su gobierno será colaborativo con los EE.UU.
Cuestionando esa opinión, sectores definidos del pueblo panameño piensan y declaran que el gobierno se rindió ante Trump.
En todo caso -sostenemos nosotros- Mulino continuaría con sus lazos proclive a la potencia norteamericana porque, en contrario de lo que expresan los sinofobos viscerales, el estado centroamericano nunca estuvo bajo la influencia rectora china porque el neo-imperialismo de los demócratas se ocupo de que así sea y, ciertamente, tampoco Pekín abogó por ello.
Dejando de lado los juegos de palabras y las acusaciones infundadas, resaltamos que los gobiernos de Panamá han discontinuado la asociación de cooperación para un desarrollo de la infraestructura interna con China desde los últimos años de la década de 2010, pese a que mantenían el interés del país por la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Esta Iniciativa no es un bloque unitario y cerrado y cualquier estado puede prescindir del interés por la misma. No es igual a la OTAN, al G7 o al G20.
Por ejemplo, el proyecto máximo de inversión china que está en funcionamiento, en Panamá, es la construcción de un puente sobre el canal que está a cargo del consorcio chino integrado por China Communications Construction Company LTD y China Harbour Engineering Company LTD con un costo que superaría los 1.250 millones de dólares. Fuera de lo expuesto, no hay evidencias para confirmar que China estaría dominando por entero a Panamá.
Por tal motivo, creemos que fue una movida de efectos mediáticos que Rubio consiguió que el gobierno anunciara que “abandonará el acuerdo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta”.
Trump reiteró que el Canal debería volver al control estadounidense. Habrá otro capítulo que, igualmente, lo trataremos.


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