A la par que las narraciones de un boom económico y una bonanza general de los trumpistas tratan de montar, otros expertos de la economía de los EE. UU. comentan todo lo opuesto.
Así, a mediados de febrero, el exrepresentante Ron Paul dijo que el sistema económico estadounidense estaba llegando a su fin y que dejaría, obviamente, grandes perdedores y un enorme perjuicio para la nación estadounidense.
Según su comprensión, no faltaría mucho para que su explosión culminativa sucediese.
Desde otro ángulo ideológico, el economista Gerald Epstein -progresista- expuso su parecer sobre el presente momento económico al decir:
La mejor manera de caracterizar la economía de Trump en comparación con la economía que le dejó la administración Biden es esta: la economía de Trump es, en gran parte, una continuación de la de Biden, pero con una gran inclinación hacia arriba y con una gran posibilidad de que pronto se descarrile.
Explicando su razonamiento, Epstein aseveró:
Las concesiones corporativas y los recortes de impuestos de Trump, junto con los enormes gastos en el ejército y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), están generando aumentos sin precedentes en el déficit y la deuda del presupuesto federal. Este resultado podría agravar la inestabilidad financiera en un futuro próximo. El aumento de la deuda nacional, sin una inversión real en nuestra economía, reduce la riqueza neta del país.
De hecho, la administración Trump ha sido una máquina de destrucción de riqueza. Esto podría parecer sorprendente dado el alza del mercado bursátil, pero es poca cosa comparado con la destrucción general.
En tanto, el escritor y economista -también estadounidense-, Jack Rasmus criticó el panorama económico que Trump intento implantar en su discurso a la nación porque, un tercio del discurso se componía de tergiversaciones sobre el estado de la economía estadounidense, seguidas de más de una hora de puro teatro político, algo que ha caracterizado cada vez más los discursos presidenciales sobre el Estado de la Unión en los últimos años.
Las tergiversaciones del estado de la economía cubrieron temas como la inflación y el costo de vida, los precios récord del mercado de valores y la creación de riqueza en activos, sus recortes de impuestos de 5 billones de dólares, casi todos los cuales han ido a parar a corporaciones, empresas e inversores, y sus aranceles que tienen poco que ver con el comercio o la economía y todo que ver con la recaudación de ingresos para el gasto de defensa y la intimidación política de otros países.
Rasmus cree que Estados Unidos se está quedando sin fondos y, por ende, busca alternativas de financiación radicales en lugar del crecimiento económico o la financiación mediante deuda, que ahora se acerca a sus límites. Los aranceles, a su vez, están trastocando las cadenas de suministro y el comercio globales, y provocarán que otros países se alejen aún más del dólar estadounidense, lo que asegurará una mayor devaluación.
Finalmente, este economista -que es fuente de consulta por personas interesadas en la problemática financiera y económica globales, concluye que la economía de Trump y Estados Unidos está caliente solo en el sentido de que se está convirtiendo, a nivel nacional y global, en un motor de combustión interna que se calienta por falta de refrigerante. Y cuando los motores se calientan tanto, sus componentes mecánicos acaban por congelarse.
En este escenario interno, Trump persigue doblegar a Irán, gestionar a remoto la Franja de Gaza. equilibrar el estatus mundial con China y ganar las elecciones de medio término.


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