La puesta en práctica de la estrategia arancelaria de Donald Trump desplomó los mercados bursátiles donde reinan (y no en un sentido metafórico) las corporaciones financieras y empresariales del corazón de la globalización gestionada por los anglosajones.
Estos utilizan a sus aparatos mediáticos para amplificar sus críticas mordaces y para propagar grandes temores por supuestos infiernos económicos que sobrevendrían al planeta tierra debido a las imprudencias de quien oficia, en estos días, de presidente de los Estados Unidos.
No desconocemos la realidad de que hay otros afectados que no corresponden al globalismo a cuyas direcciones Trump se opone y viceversa. Pero ellos no son los mayormente dañados. Y una parte de este grupo tiene el potencial suficiente para salir de una coyuntura difícil. No es el fin del mundo.
De igual manera, no suscribimos el mantra trumpista de que el mundo “estafa a los EE. UU.” porque, en no pocas situaciones, es al revés. Pero no hay que hacerse ilusiones, Trump nunca lo reconocerá públicamente.
No obstante, el presidente 47° rompe con algunos de los lineamientos fundamentales del régimen globalizador que se impuso en el mundo tras la extinción de la URSS.
Trump forma parte de una reestructuración sistémica del centro imperial que, no por un carácter azaroso, ha perdido el monopolio del poder mundial.
Trump, junto con sus aliados internos, no cejará en su empeño de cambiar la página de la historia económica nacional e internacional con la atención, obvia, puesta en los EE.UU.
Las carnicerías bursátiles, financieras y económicas de las que lloran tantos académicos, líderes políticos y referencias periodísticas, alineadas con los grandes perdedores, no abarcan el hundimiento y/o desaparición de las economías nacionales y soberanistas.
No implican que, inexorablemente, el sur global tenga fecha de caducidad. A la vez, no significan que la multipolarización económica perderá fuerza.
En resumidas cuentas, en algún momento se produciría lo que hoy acontece y Trump, con su estilo, lo había anunciado hace mucho.
Bueno, en honor a la verdad, Trump y otros dilucidadores de la realidad habían advertido que sucedería.


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