La respuesta es un No.
La escalada arancelaria, sin precedentes, que es acompañada de un contrapunto mediático, entre los gobiernos de Estados Unidos y China es sumamente seria con efectos directos para los dos estados -y con consecuencias indirectas para otros estados-, pero no llega, hasta ahora, a la situación de una verdadera guerra económica.
El propio Ministerio de Relaciones Exteriores chino, en la voz de Lin Jian, dejó en claro que no hay, en términos reales, una guerra comercial; sin embargo, destacó que su país tiene todas las capacidades para entrar y luchar hasta el final en una guerra de esa naturaleza.
Horas antes, Donald Trump declaró que Xi Jinping es su amigo y que quiere llegar con él, como Jefe de la potencia asiática, a un gran trato. Por su parte, JD Vance escribió, en su perfil de X, que, en Washington, hay personas que incentivan a una confrontación militar con China, pero que no hacen lo necesario para reimpulsar la manufactura de EE.UU., particularmente, en las industrias críticas que están en manos chinas.
Su opinión es compartida mayoritariamente por los integrantes de los diversos equipos que ocupan funciones en el gobierno de Trump.
Pese a ello, son perfectamente observables las contradicciones existentes en la misma administración federal por la forma y la profundidad del combate arancelario liderado por Trump.
Igual panorama hay en las estructuras de poder chinas donde hay discrepancias.
Todo esto es normal y racional, aunque las euforias de los hooligans -algunos visten de analistas- que hay en ambos bandos procuren minimizarlo u ocultarlo.
La exsecretaria del Tesoro, Janet Yellen, alineada con las grandes compañías financieras, dijo que los aranceles recíprocos de Trump son la peor autolesión para Estados Unidos (No aclaró para cual de los Estados Unidos).
Cuando la UE dice que suspenderá, transitoriamente, los aranceles nuevos a EE.UU., implica varias cuestiones. Una de ellas es que no quiere incentivar o participar en una guerra económica mundial.
Pekín recuerda permanentemente que, en una guerra comercial entre gigantes, no habrá ganadores porque todos perderán algo…poco, mucho o todo.
Hasta el momento, tanto Xi Jinping como Donald Trump no utilizaron sus mejores armas financieras y económicas.
Si las pondrán en práctica dentro de una semana, un mes, un año o nunca, sólo ellos lo saben.


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