Según informaciones precisas, los aliados antisionistas regionales de Irán, que estuvieron atentos y preparados para participar en un contraataque bidireccional contra Israel y los Estados Unidos, en la semana pasada, se muestran, de momento, mayormente motivados al ver que Donald Trump desistió de ordenar el ataque que se tenía planificado contra las sensibilidades altas del poder de Irán.
Para la comprensión de estos actores, Trump emprendió una retirada cuando aceptó forzosamente la ola de consecuencias negativas que tendría si daba el paso militar cuyas cuestiones operativas ya las tenía delineadas y finalizadas en su mesa de decisión, operación militar que los círculos influyentes regionales la conocían, aunque no estaban al tanto de sus detalles más críticos, y que se encargaron de hacer saber a terceros, aún a los iraníes, que podía llevarse a cabo a mediados de enero.
De manera que los mediadores entraron a jugar reciamente, al principio de la semana pasada para evitar que los cálculos erróneos de Trump llevasen a la región (y, quizá, a más allá de ella) a una situación irreparable porque Trump tenía todo a punto, en su realidad del Salón Oval, el miércoles 14 de enero, para lanzar el ataque militar contra objetivos de alto valor de Irán en su creencia de que con eso mismo bastaría para dar un vuelco radical, en su favor, de la situación para resolver quirúrgica y rápidamente los expedientes regionales vinculados a Irán.
Trump sabía que esa apuesta era peligrosa, pero aun así la seguía manteniendo realizable porque estaba decidido a imponer sus formulaciones sobre el terreno, creyendo que el poder iraní se reduciría a la mínima capacidad tras su intervención que él llamaría la extraordinariamente histórica.
El presidente estadounidense, al parecer, creía que el método de decapitación de la forma operativa que él tenía frente a sus ojos le daría un éxito sin igual y se mantenía confiado en que si procedía de esa forma -en la escena iraní- no habría repercusiones estructurales en su contra, subestimando todo lo que no haya entrado en su mente.
Hubo mensajes provenientes de distintas direcciones y naturaleza (en esta última, también había una advertencia de destrucción masiva de objetivos estadounidenses militares, políticos y económicos), lo que llevó a Trump a retirarse a último momento, cuando en todo Israel se esperaba la inminencia del ataque militar norteamericano y los aliados de Irán aguardaban la orden emitida, desde Teherán, para pasar a la contraofensiva.
Como dijimos al comienzo de este artículo, los aliados de Irán están satisfechos sobre la gestión iraní de la situación que estuvo a punto de hacer explotar toda la región hace unos días.
Pero tantos ellos como los iraníes no están confiados y creen que Trump puede volver a querer darle un golpe fulminante -desde la dimensión militar- a Irán en cualquier momento.
Es, en parte, debido a lo cambiante de las cosas, que, nuevamente, dijeron que nadie -sea sensato o no- debería atreverse a sacar fatalmente de la escena a Jameneí, mientras las negociaciones tras bambalinas continúan para solucionar el conflicto.


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