En un momento crucial para las transformaciones regionales, y después de 12 años, Nouri Al-Maliki está regresando al cargo de Primer Ministro de Irak.
Con una trayectoria vasta y con reconocimientos y respetos internacionales, este líder de 75 años de edad, avanza como una figura superadora de obstrucciones políticas internas y como un líder capaz de equilibrar, en la escena iraquí, los términos de los intereses de Irán y los Estados Unidos.
Con la inclinación de la mayoría de los parlamentarios del chiita y pro-iraní Marco de Coordinación y el apoyo indefectible y directo del actual primer ministro, Mohammed Shia al-Sudani, Maliki se convertirá, de no mediar factores interruptores de última hora que lo impidan, como el próximo titular del Palacio Republicano, función que ocupará por tercera vez en su vida política.
El nombre de Maliki fue también una instancia proveniente de Teherán, más precisamente, de la Oficina del Liderazgo Supremo, y los representantes estadounidenses para Irak no objetaron su nominación, pese a las críticas de determinados sectores suníes y chiitas arraigados en ese país que, dicho sea de paso, está oficiando de mediador en las conversaciones secretas entre emisarios de Irán y de los Estados Unidos en vista de desescalar el conflicto presente entre Teherán y Washington.
Cabe mencionar que hay en progreso un consenso iraní-iraquí, al más alto nivel, para que haya una estabilidad común en ambos países y para que Irak como sistema estatal incluya la influencia, aunque no la dominancia, de Irán en los marcos de seguridad y cooperación económica.
Como uno de los frutos posibles de esta articulación que camina a pasos acelerados, está el replanteamiento del estatus regional de Irak y su participación ascendente en las decisiones de una serie de asuntos complejos que conciernen a toda la región.
Entonces, en este entendimiento en construcción, Irak no sería linealmente un vector occidental ni tampoco quedaría relegado en cuanto a planes de desarrollo de infraestructuras clave.
Y también incidiría, aunque sea levemente, en arreglos puntuales entre Irán y otras potencias externas que tienen planteos confrontativos con la geoestrategia iraní.
El gobierno de Maliki también incluiría la concreción de objetivos tales como una gestión sin caos y con ventanas de cooperación con Rusia y China, pero donde los intereses iraníes no quedarían desplazados,


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