Ahmad al-Sharaa, presidente interino de Siria y exlíder de Hayat Tahrir al Sham (HTS), ha sido invitado a la Cumbre Árabe en Bagdad en mayo, desatando indignación en Irak. Encarcelado dos veces por terrorismo en el país, su posible regreso como jefe de Estado sirio reaviva tensiones y amenaza la reelección del primer ministro Sudani.
Sharaa, también conocido como Abu Mohammad al-Julani, lideró el Frente Al-Nusra, vinculado a Al Qaeda, antes de abandonar Irak en 2011 para unirse a la guerra en Siria. La invitación, impuesta por la Liga Árabe, genera rechazo en todos los sectores iraquíes, que ven en su presencia una afrenta a la soberanía y un recordatorio del violento pasado del país.
Amir al-Fayez, del Comité de Relaciones Exteriores iraquí, aclara que Irak no tuvo opción, ya que la Liga Árabe obliga al país anfitrión a invitar a todos los líderes árabes. La reintegración de Siria en la Liga en 2023, tras su suspensión en 2011, complica la posición de Bagdad, que enfrenta críticas internas por acoger a un líder asociado al terrorismo.
Aunque el Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento apoya la invitación por obligación diplomática, las facciones de resistencia, como Asaeb Ahl al-Haq y Kataib Hezbollah, se oponen rotundamente. Qais al-Khazali, líder de Asaeb, advirtió en redes sociales que la entrada de Sharaa violaría la ley iraquí debido a una orden de detención vigente. Abu Ali al-Askari, de Kataib Hezbollah, también rechazó la visita, argumentando que la cumbre no depende de Sharaa.
El 16 de abril, Sudani extendió la invitación oficial a Sharaa. Días después, Khazali y al-Askari reiteraron su oposición, destacando las implicaciones legales y el rechazo popular. El legislador chií Yousef al-Kalabi calificó la posible llegada de Sharaa como una traición a las víctimas del terrorismo en Irak.
Las tensiones reflejan luchas internas por el poder, con facciones explotando el tema para posicionarse de cara a las próximas elecciones. La relación con Siria, un vecino clave, también afecta la seguridad y la política iraquí.
A medida que se acerca la cumbre, la asistencia de Sharaa sigue en duda. Las objeciones legales y morales chocan con las obligaciones diplomáticas de Irak como anfitrión. La decisión final podría redefinir las relaciones con Siria y el rumbo de Irak en una región marcada por conflictos y alianzas cambiantes.
La invitación ya ha profundizado las divisiones políticas, evidenciando los desafíos de Bagdad en un contexto regional volátil.


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