El anuncio fue una conmoción para la mayoría de los estados que forman parte de la arena internacional.
Conforme a las repercusiones posteriores, es evidente que pocos esperaban que Pakistán extendiera su paraguas nuclear para el Reino de Arabia Saudí en estás circunstancias regionales que son por demás difíciles y hasta definitorias del futuro mediato de Medio Oriente y del Sur de Asia.
Por primera vez en su historia estatal -que tiene menos de un siglo- Arabia Saudita elige como un guardián externo suyo a un país fuera del mando anglo-norteamericano.
Debemos traer a la memoria que, en su etapa fundacional, Riad tuvo a Gran Bretaña como su protector en seguridad estratégica y luego lo suplantó por los Estados Unidos cuando el “Tío Sam” ganaba la Segunda Guerra Mundial y, por extensión, esa relación capital se profundizó en casi todos los órdenes y se prolongó en el tiempo.
Actualmente, Arabia Saudí diversificó su esquema de seguridad, cooperando con estados unipolares y multipolares y firmando ese acuerdo de defensa mutua con Pakistán.
Islamabad le brindará un servicio integral en materia de defensa en tanto y en cuanto los saudíes así le pidan y, a cambio, recibirá un financiamiento significativo para desarrollar su estructura de seguridad, militar y económica y auxilio diplomático en la órbita mundial.
En tanto, Arabia Saudí no deberá temer mucho ante eventualidades donde corra peligro su supervivencia porque dispondrá de un ejército fuerte y de las bombas nucleares de Pakistán.
En rigor, el reino de los Saúd receptará los logros militares pakistaníes que ayudaron a concretarlo, mediante la inversión de fortunas, durante más de 4 décadas porque el rastro saudí se ve en el programa nuclear de Pakistán desde la década de 1970.
La formalización de esta alianza tardó en hacerse pública porque esto pudo haberse anunciado en la década pasada, pero, por entonces, la situación no lo ameritaba y, en este año, 2025, las circunstancias de estabilidad frágil en la región llevaron a las partes signatarias del acuerdo a formalizarlo.
Los tomadores de decisión de Arabia Saudí ya no confían enteramente en la cobertura de seguridad de los Estados Unidos y valoran que Israel no está siendo controlado dentro de los límites razonables y, sin cortar su alianza con los norteamericanos, se inclinan más a sus aliados y socios islámicos y los actores multipolares externos como China y Rusia, los cuales también tienen buenas relaciones, sobre todo el primero, con Pakistán.
Para que no queden dudas, Riad se encargó de hacer saber al mando iraní que esta alianza con Pakistán no tiene como propósito una guerra contra la República Islámica de Irán y que se trata solamente de un marco defensivo con un estado que también le ofreció a Irán su apoyo completo (aún el nuclear) en la guerra de los Doce Días contra Israel.
De esta forma, crece en la región la tendencia de los estados musulmanes de reforzar su seguridad estratégica ante los planes de perforarles y cambiarles el mapa político que sustentan algunos actores no islámicos.
Sin la centralidad de Washington, Londres y Tel Aviv, los musulmanes propugnan un modelo de seguridad existencial para estar presentes en el sistema multipolar.


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