Es probable que se les niegue la entrada a Estados Unidos a los solicitantes con sobrepeso, enfermos o cuyos ingresos se consideren insuficientes. Una directiva del Departamento de Estado excluye ahora de las solicitudes de visa a quienes podrían resultar demasiado costosos en prestaciones sociales.
Los inmigrantes con sobrepeso ya no son bienvenidos en Estados Unidos. Tampoco lo son las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios, cáncer, diabetes, trastornos metabólicos o afecciones mentales o neurológicas.
Una directiva del Departamento de Estado recomienda ahora que las embajadas estadounidenses evalúen la condición física y los recursos financieros de los solicitantes de visa.
La Administración Trump quiere evitar gastos, pues teme que estos futuros residentes soliciten beneficios sociales financiados por los contribuyentes estadounidenses. Por lo tanto, estas personas deberán demostrar que cuentan con los recursos suficientes para costear su atención médica; de lo contrario, no obtendrán la visa.
Ciertas enfermedades crónicas pueden generar gastos de cientos de miles de dólares, argumenta la directiva, que forma parte de una serie de medidas destinadas a restringir los criterios de admisión de extranjeros a Estados Unidos.
Un drástico aumento en las tarifas de las visas H-1B para trabajadores extranjeros cualificados, que ahora cuestan hasta 100 000 dólares al año, y la creación de una tarjeta oro reservada para inversores y filántropos capaces de realizar generosas donaciones… Desde la perspectiva de Donald Trump, la inmigración debe ser selectiva.
Más allá de la salud, las ideas también están sujetas a ciertos criterios. Desde su regreso al poder, el Departamento de Estado ha revocado decenas de miles de visas a personas en Estados Unidos, incluidas aquellas con opiniones consideradas antiamericanas.
En cuanto a los refugiados, Washington planea admitir solo 7.500 este año, en comparación con los aproximadamente 100.000 que admitía la administración Biden.
En una medida sin precedentes, la mayoría de estos refugiados provendrán de Sudáfrica, específicamente de la comunidad afrikáner, una población blanca descendiente de los primeros colonos europeos, según anunciaron las autoridades estadounidenses a finales de octubre.


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