En una parte de los círculos bien informados de Medio Oriente, se propaga la idea de que Donald Trump tomará venganza contra algunos de sus socios de la OTAN ya sea antes de que finalicen las operaciones de guerra en el teatro iraní o a los pocos meses posteriores a la conclusión de esa guerra porque ellos no le ayudaron en la proporción pedida por el inquilino de la Casa Blanca.
Y este hecho es uno de los logros tácticos iraníes consistente en que planteó, antes de que comenzase la guerra, como altamente probable una bifurcación interna dentro de la OTAN en una situación de guerra contra Israel y EE.UU. mediante el desarrollo, en el terreno, de una parte de su capacidad de poder que se extienda aún a la Europa continental.
Ciertamente, los planificadores iraníes pensaban, al momento de formular su proyección de una multiplicidad de escenarios, que la división de facto entre los componentes de la esfera del poder atlántico globalista contribuiría, aunque no de una forma única, a que no se reprodujera la alianza que se efectuó a principios de la década de 2000 contra Irak y Afganistán.
De acuerdo con los hechos expuestos por Trump, este presidente había evaluado incorrectamente una sumatoria completa bélica de Occidente si la aventura de guerra en Irán se reanudaba -porque la anterior aventura fue en junio de 2025- con la convicción de que Inglaterra y toda Europa se subirían al tanque de Trump y Netanyahu, deseo que, tal y como se vio, sigue sin ocurrir.
¿Es un acontecimiento inesperado esto?. Depende de quien lo mire. Porque para quienes están muy familiarizados con estos desarrollos, la postura de la mayoría de los socios estadounidenses e israelíes no es una sorpresa en sí.
Las pérdidas se cuentan para ambos bandos en pugna, pero, debido a la conjunción superior del poderío israelí-estadounidense, no cabe la menor duda que las pérdidas para Tel Aviv y Washington son muy importantes y que este tándem continúa sin tener el control excluyente de la escalada y que, por el contrario, se encuentran en un atolladero de la guerra contra Irán.
La realidad internacional no está bajo el dominio de Trump y Netanyahu, dos figuras estas que están más en la retirada histórica -instantes finales- que en su apogeo, y que, por estas horas, sostienen narrativas que intentan culpar a otros de los fracasos estratégicos en la guerra.
Trump está agotado y Hegseth es más un comentarista de televisión que un estratega y líder. Mientras que los Estados Unidos e Israel no pueden resolver sus problemas agudos sistémicos.


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