Resulta a todas luces claro que el estado de Israel atraviesa por una fase signada por problemas, dificultades y retos novedosos que hacen presagiar a un número de israelíes que el status quo anterior ya no podrá restablecerse porque la suma de factores, coyunturales y estructurales, conspira para que ello no se dé.
Tal vez parezca una exageración para quienes no estén familiarizados, pero, en las entrañas israelíes, gana adeptos la posición señalizadora de un preludio de guerra civil a causa de dos bandos que pelean por el dominio totalizador.
Uno habla de recuperar los pilares ideológicos y legales seculares para reencaminar al estado para entrar en otra era geopolítica frente al otro campo que pone el foco en el libramiento de restauraciones en clave eterna, o sea, en cifrado teológico.
Como suele acontecer en fenómenos de esta índole, en los dos espacios hay matices que buscan la introducción de cambios oportunos y reducir el shock que tiene la sociedad de Israel por todos los acontecimientos que sucedieron en esta década.
Pocas veces se ha hablado de la fractura de la cohesión social que ya no es una amenaza sino que es un hecho verificado, pero que todavía no escaló a niveles de ruptura y que ya es una novedad en sí misma afectando el normal movimiento del estado en estos años de grandes transformaciones donde los estados nacionales deben tener la unión interior como requisito imprescindible.
De igual manera, escasamente se trata sobre las diferencias no secundarias entre el bloque de Netanyahu y una pata inescindible del complejo de seguridad porque el primero de los nombrados quiere controlar, desde la esfera política, todo el espectro militar y de inteligencia cortando una alianza político-militar, estructurada en la década de 1990, que participaba, casi en pie de igualdad, en la toma de decisiones del estado. Muchas veces, las medidas de los mandos militares se escondían detrás de las figuras políticas, evitándoles, en algunas ocasiones, emprender callejones sin salidas.
Ahora, el mencionado canal político -y sus aliados económicos- se propone someter al establecimiento militar y/o de seguridad para trastocarlo en un asistente o dependiente suyo.
Hasta la fecha, no hay certeza de que, en el futuro, estén aseguradas las ventajas estratégicas del estado de Israel y atrás podrían quedar, tras luchar por la hegemonía, el concepto de iluminación cultural asépticamente religiosa o simplificadoramente agnóstica, presente en la época embrionaria, que propugnaban las capas provenientes de Europa occidental, como también podrían debilitarse los nódulos mesiánicos más ancestrales.
Este es un desafío que, ineludiblemente, querrán asumir las entidades israelíes para preservarse y readaptarse en coordinación con las conexiones que tienen en otras potencias mundiales.
Sin embargo, el éxito tampoco les está asegurado porque el estado de Israel también deberá capear las tormentas que trae consigo la Hora histórica.


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