En vísperas de la visita del Jefe del estado del Vaticano, la República del Líbano pasa por momentos de incertidumbres y temores por la escena de ataques constantes, por parte de Israel, y que constituyen una violación flagrante del acuerdo del alto el fuego suscrito entre Israel y Hezbollah el 27 de noviembre de 2024.
Desde esa fecha, las FDI no se retiraron de los cinco lugares del interior libanés que ocupaban y efectuaron continuos ataques, incluyendo asesinatos selectivos contra los campamentos palestinos y, lógicamente, del Hezbollah.
Los decisores israelíes acusan, en la actualidad, después de meses de campañas donde decían, mediante sus medios propagandísticos, que habían incapacitado al Hezbollah, que la fuerza chiita no se desarmó convenientemente y que aún más se estaría rearmando para avanzar sobre el territorio del estado israelí.
Asimismo, Israel denuncia que el ejército libanés no habría cumplido con su función de desarmar al Hezbollah, lo que produjo desmentidos por parte de las autoridades militares de dicha institución militar.
Según relatan círculos bien informados, Washington le otorgó una luz verde a Israel para que realice operaciones punitivas, entre ellas, la que asesinó, el 23 de noviembre, al comandante militar del Hezbollah, Haytham Tabtabai.
En las entendederas sionistas, dicho jefe de la rama militar chiita en el Líbano era el designado por Teherán para reconstruir toda la organización militar, a la par que las otras vertientes internas, tales como la política y económica, se ocupaban de las cuestiones de compromisos políticos y elecciones y de la reconstrucción de la infraestructura civil, en cuya tarea Hezbollah habría gastado, al momento, alrededor de mil millones de dólares.
La cantidad de esta cifra habría sorprendido a los israelíes y estadounidenses ya que no estaba en su radar tal capacidad financiera de Hezbollah y de la forma en que lo utilizó en este año para proveerles de viviendas y otras necesidades a los civiles que fueron objetivos de los bombardeos israelíes en la guerra del 2024.
No es un dato menor que el comandante militar asesinado fuera declarado, en octubre de 2025, como un objetivo fundamental a extirpar en el Líbano por parte de los analistas del sistema de seguridad de Israel. Como dijimos, la administración Trump le dio el ok a Israel para que llevara adelante esas acciones, pero no le permite ampliar la escala; o dicho de otra manera, no le autorizó el reinicio de la guerra.
Los comentaristas que siguen de cerca el desarrollo de esta complejidad, apuntan que Israel estaría provocando a Hezbollah para que éste respondiera de modo que Tel Aviv pudiese relanzar una ofensiva de guerra.
En el bando de los antisionistas, hay que decir que todavía no tomaron la decisión de aumentar la respuesta militar contra Israel, pese a los planes operativos -aún los de mínima – que ya prepararon para contingencias bélicas.
Presuntamente, en las últimas semanas, Israel habría complicado las gestiones positivas egipcias, francesas y saudíes como así también avanzaría para bloquear la cooperación interna libanesa con la República Islámica de Irán, mientras Trump le envió un mensaje al presidente libanés, Joseph Aoun, sugiriéndole profundizar la cooperación entre el Líbano y los Estados Unidos.
Cabe consignar que las relaciones entre Aoun y el Hezbollah son de un marco de respeto mutuo y que el presidente, junto con su jefe de ejército, el General Rudolf Heikel, descartaron las incitaciones sectarias y extranjeras de combatir al Hezbollah.
Otro indicador fuerte es que todos los cálculos de los gabinetes de los estados que presionaron para el desplazamiento del partido chií fallaron porque Hezbollah sigue vigente como una entidad popular y con insoslayable influencia política.
Ni siquiera los embates del lado cristiano antichiíta -porque también está el campo cristiano que es socio de Hezbollah- pudieron arrinconar o desplazar de las plazas públicas y del foro político a Hezbollah.
Inmerso en ese panorama, el Líbano recibirá la visita de León XIV, el cual eligió lo eligió como el segundo destino de su primera gira papal para cumplir con la voluntad expresa de Francisco -quien había planeado viajar al Líbano- y porque León XIV le prometió, en el pasado mes de junio, al mismo presidente Aoun visitar este país de Oriente Próximo.
Israel también espera condicionar el mensaje papal y que León XIV no se convierta en un oponente de su agenda geopolítica y religiosa. León XIV, entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre, hablará de paz, reconciliación y unidad entre los libaneses y exhortará a que se evite el colapso del estado nacional. Pondrá énfasis en que el Líbano no se despedace entre sus sectores internos.
Esta descartado que hará un americanismo y que propiciará un Medio Oriente pulverizado. Como resultado, el gobierno de Aoun tendrá un aliado internacional en la persona de León XIV cuando deberá afrontar un difícil 2026.


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