Cuando concluya temporalmente la guerra en Gaza y después de que se firme el acuerdo de seguridad entre la Siria de Ahmed al-Sharaa y el Israel de Benjamín Netanyahu, la administración Trump y la agenda regional israelí priorizarán la escena libanesa para extraer los beneficios que no se pudo obtener con la guerra de 2024.
Es cierto que Israel consiguió dañar a dimensiones críticas y capacidades altas de Hezbollah, pero sigue siendo igualmente cierto que no pudo satisfacer sus objetivos principales y tuvo que recurrir a un alto el fuego mediado en parte por Biden y el mismo Trump al ver que Israel se estancaría en el Líbano y que no saldría airoso.
Desde entonces, el equipo Trump enfocado en los asuntos libaneses e israelíes diagramó una estrategia para contener y minimizar a la estructura de Hezbollah, sin haber podido conseguir, hasta el momento, lo propuesto.
No obstante ello, las presiones provenientes de Washington no decrecen y, presumiblemente, tendrán una mayor velocidad a partir del próximo de noviembre para influir en el sistema libanés de modo que Hezbollah sea incapacitado militarmente.
Agentes de la política local le hicieron comprender a los americanos de la imposibilidad de disociar a Hezbollah de su pueblo y de expulsarlo políticamente porque, salvo sus enemigos y detractores, el resto de la población elogió el papel de la organización chiita en la guerra contra Israel.
Sí bien Trump terminó aceptando esa realidad, pero se negó a descartar su idea de desarmar a Hezbollah hasta tornarlo nulo frente a la seguridad estratégica israelí, propósito que los miembros de Hezbollah van a neutralizar. Pese a ello, los dirigentes de esa organización preservan sus buenos lazos con el ejército y con el gobierno del presidente Michel Aoun. Tanto este mandatario como la jefatura del ejército se negaron a enfrentar a Hezbollah como les exigían desde Washington y pudieron, en su lugar, establecer un compromiso de respeto mutuo con Hezbollah para desconcierto de los agentes internos de hegemones externos quienes presagiaban un choque militar entre el ejército y Hezbollah.
Mientras tanto, y contra cualquier negación publica por parte de los participantes, se conoce que los negociadores de EE.UU. les plantearon a los iraníes tratar, paralelamente a otros asuntos, la cuestión de Hezbollah para que Trump se sienta un ganador. Esto quedó inconcluso por la guerra de junio entre Irán e Israel, pero los norteamericanos mantienen las expectativas de que los iraníes les ayuden a convencer a Hezbollah.
Teherán, en cambio, apuntala al Hezbollah posliderazgo de Nasrallah y le está ayudando a restablecer sus capacidades para fortalecerse y entrar en combate contra las FDI si Israel reinicia la guerra contra el Líbano.
En consecuencia, Hezbollah se prepara para otro enfrentamiento militar y para evitar que prosperen los planes de expulsar de la institucionalidad política, mientras conserva sus relaciones con otras fuerzas libanesas y construye un formato de interacción benéfica recíproca con Arabia Saudí para desconsuelo de Trump.


Deja un comentario