La reunión fue una sorpresa en toda regla. Si había uno de los encuentros menos esperados para las semanas finales de este año, ése fue la reunión entre Donald Trump y Zohran Mamdani.
De un lado, estaba el cuadragésimo séptimo presidente de los EE.UU., con su pose inconfundible de dispensador de beneficios y árbitro, una especie de Don Corleone; y, en el otro lado, se encontraba el joven, pero ascendente, alcalde electo de la ciudad más importante del país: Nueva York.
El veterano que rompe algunas de las barreras de la historia de principios del siglo XXI y el novato y carismático que batió récords al consagrarse como el jefe de la Alcaldía el 4 de noviembre.
Los dos se ven a sí mismos como seres que obtuvieron lo que buscaron batallando contra dimensiones y escalones influyentes de la pirámide del poder de los EE.UU.; son expresiones puras de los procesos que envuelven a la potencia mundial.
Cuando la generalidad de los expertos y público esperaban una guerra de proporciones bíblicas, Trump y Mamdani decidieron encontrarse personalmente y acordar algunas bases pragmáticas para que, en los próximos meses, llevarse bien entre sí, teniendo en cuenta que los están en espacios relevantes que, indiscutiblemente, ambos ambicionan. Trump quiere tener de su lado, o no tan enemistada hacia él, a la alcaldía de Nueva York y Mamdani precisa de los fondos federales y trabajar en buenos términos con el otro líder populista.
Sí, Trump y Mamdani son populistas y, desde arcos ideológicos distintos, coinciden en que es conveniente llevar la fiesta en paz en vez de aportar para el caos interno.
No hay diferencia de partido. No hay diferencia de nada. Y vamos a ayudarlo a hacer realidad el sueño de todos: tener una Nueva York fuerte y muy segura. Y felicitaciones, señor alcalde, le dijo Trump a Mamdani en la conferencia de prensa del Salón Oval. Trump, tras aseverar que algunas de sus opiniones previas sobre Mamdani cambiaron, pronosticó sobre el alcalde elector, Creo que va a sorprender a algunos conservadores, de hecho, y a algunos muy liberales.
Trump comprendió lo que significa Mamdani y la fuerza que lo empujó hacia adelante y, como un viejo zorro, quiere neutralizar cualquier impulso para abrirle una guerra interna en Nueva York, para la cual no tendrá la atención que demanda tal conflagración.
De su parte, Mamdani, que demuestra que es un astuto, calcula que un enfrentamiento máximo con Trump arruinaría su carrera política. Trump destacó que una parte de sus votantes, eligió a Mamdani en las elecciones locales de Nueva York.
En relación con ese aspecto, Mamdani dijo que los votantes trumpistas con los que habló, le dijeron que habían apoyado al presidente Trump por dos razones: Una era que querían el fin de las guerras eternas y la segunda era la crisis del coste de la vida.
Mamdani, comentó que habló con Trump sobre el genocidio cometido por el gobierno israelí y sobre cómo nuestro gobierno lo financia.
Consultado Trump sobre la vertiginosa carrera política de Mamdani y cómo veía su desempeño, afirmó, es diferente al típico candidato. Surgió de la nada. Dije que tenía un gran director de campaña ahí. Surgió de la nada. ¿No empezarías con el uno o el dos? Lo observé. Pregunté: ‘¿Quién es este tipo?’. Estaba en el uno. Luego en el tres. Luego en el cinco. Luego en el nueve. Luego subió al 17. Dije: Mmm, esto se está poniendo interesante, ¿verdad? Y de repente, gana unas primarias que nadie esperaba que ganara. Es algo increíble lo que hizo.
Además de eso, Trump y Mamdani, entre sus conexiones influyentes, comparten algunos conectores de peso que son originarios del extranjero y también del mismo Estados Unidos.
Después de que ocurrieran tales declaraciones presidenciales y de la misma reunión, muchos comentaristas del trumpismo no podían creer lo que estaban viendo y escuchando y, frente a ello, algunos optaron por el silencio, mientras que otros atinaron a decir majaderías por doquier.
Trump, el rey de ellos, elogió a Mamdani, acordó trabajar con él y no dijo que George Soros (uno de sus famosos enemigos) lo haya aupado a Mamdani.
Y, Mamdani, dejó también fuera de juego a tantos simpatizantes de la izquierda estadounidense e internacional.


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