El plan de acción de los Acuerdos de Abraham no van en la velocidad y la ampliación que soñaron sus cerebros porque la convergencia de los acontecimientos que ocurrieron entre octubre de 2023 y mayo de 2026 influyó para que esta formulación de máxima historicidad tuviese más embrollos que facilidades.
En efecto, la normalización entre Israel y la mayoría de los estados de Asia Occidental -propiciada por el círculo Trump en conjunción con algunas de las piezas de poder del estado israelí- no están produciendo los resultados esperados y, por el contrario, la tentativa estaría, en estos instantes, congelada, en varias capitales de la región, y no habría una salida realista para ello en este año, 2026.
Desde hace ya seis años que los abrahamistas no sumaron a nuevos participantes puesto que Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán siguen siendo los únicos firmantes del pacto e Israel vio desmejorada su posición en la macro área en comparación de 2020.
Riad lidera el grupo de países que ponen, hasta la fecha, tres condiciones para que el proyecto transformativo de Abraham se cristalice en el plano de la geopolítica con el concurso de ellos:
- Renuncia israelí de su planificación regionalista del Gran Israel.
- Renuncia israelí de impedir la construcción y el funcionamiento del estado palestino en Cisjordania y Gaza.
- Renuncia israelí a promover, mediante asesinatos selectivos y guerras, cambios de regímenes (incluyendo a Irán).
Después existen otras consideraciones, pero no serían las más cruciales.
Si se examina con mesura, se puede comprender que las tres demandas citadas no tendrán la conformidad de los eslabones más recalcitrantes y expansionistas de la organización de poder israelí, para los cuales la constitución de un estado palestino no está en la mesa de conversaciones ni tampoco ponen en discusión el proyecto del Gran Israel. Los miembros conspicuos de estas facciones lo expresaron sin ditirambos, sin ocultar sus intenciones y fines. Honestidad brutal, sí; pero está a la vista de todos y no fingen sus postulados seculares ni enmascaran sus posturas reales.
Ellos no hablan de un reacomodamiento geopolítico histórico como lo dicen los estadounidenses; tampoco hablan de Nuevo Siglo Turco, como lo hacen quienes quieren vigorizar a Turquía, sino que hablan del Milenio de Gloria para Israel.
No son un apéndice de los Estados Unidos.
De acuerdo con el filtrado de prensa, durante el penúltimo fin de semana de mayo, Trump, en una llamada grupal con altos líderes de los estados socios de Asia Occidental, quiso sacarle un Sí a sus interlocutores para que los Acuerdos de Abraham se amplíen en lo inmediato una vez concluida la guerra contra Irán, pero la respuesta fue un mutismo abrumador.
Francamente, ni el mismo Trump se daba cuenta de algunas de las cosas cambiantes que, desde 2023, suceden en la región.
En resumidas cuentas, la agenda de normalización mentada por Trump, sus principales hombres y algunos factores de poder israelí no está presente entre las dos principales prioridades de la mayoría de los estados de Asia Occidental, lo que detonaría su éxito.


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