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Arabia Saudí e Israel: ¿un acuerdo imposible por el futuro de Palestina?

3–4 minutos

Aunque el acercamiento entre Arabia Saudí e Israel podría parecer una fantasía diplomática para Trump, las realidades regionales profundas, los intereses cambiantes de Asia Occidental y las aspiraciones nacionales palestinas lo convierten en un espejismo lejano más que en un resultado inminente.

El 4 de febrero, cuando se le preguntó si los saudíes exigían la creación de un Estado palestino como condición para reconocer a Israel, el presidente estadounidense Donald Trump, sentado junto al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en el Despacho Oval, respondió rápidamente: «No, no lo exigen». Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí aclaró que su postura sobre el establecimiento de un Estado palestino sigue siendo «firme e inquebrantable», insistiendo en que Riad no llegará a ningún acuerdo con Tel Aviv sin ello:

«Su Alteza Real (el príncipe heredero Mohammed bin Salman, o MbS) enfatizó que Arabia Saudí continuará sus incansables esfuerzos para establecer un Estado palestino independiente con Jerusalén Este como capital, y no establecerá relaciones diplomáticas con Israel sin ello».

A pesar del optimismo del equipo de política exterior de Trump, el tan anunciado acuerdo de normalización entre Arabia Saudí e Israel sigue siendo un objetivo difícil de alcanzar, al igual que lo fue para su predecesor, Joe Biden. Mientras Washington insiste en que un acuerdo está cerca, un análisis más realista sugiere que el camino está lleno de obstáculos.

Los Acuerdos de Abraham, negociados durante el primer mandato de Trump, fueron celebrados como un avance histórico al establecer relaciones oficiales entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán. Sin embargo, la ausencia de Arabia Saudí, el Estado árabe más influyente, fue notable.

El mandato de Biden, lejos de avanzar en esta iniciativa, la ha debilitado. El apoyo de su administración a la guerra de Israel en Gaza y su campaña militar en el Líbano han alienado a muchos Estados árabes y musulmanes, reduciendo aún más la posibilidad de nuevos acuerdos de normalización.

Mientras tanto, China ha aprovechado la disminución de la credibilidad de Washington, logrando un importante avance diplomático en 2023 al mediar en un acercamiento histórico entre Arabia Saudí e Irán, una relación que, contra todo pronóstico, se mantiene intacta.

Arabia Saudí ha mantenido una línea clara al vincular la normalización con Israel al establecimiento de un Estado palestino. Sin embargo, ni Israel ni la administración Trump han mostrado disposición a aceptar esta condición. Muchos partidarios de Trump y figuras clave en Israel se oponen abiertamente a un Estado palestino e incluso hablan de anexionar Cisjordania.

Giuseppe Dentice, analista del Observatorio del Mediterráneo (OSMED), sugiere que Trump podría recurrir a su enfoque habitual, utilizando los Acuerdos de Abraham como marco y reviviendo elementos de su llamado «acuerdo del siglo». El objetivo, según Dentice, sería marginar la causa palestina, relegándola a un segundo plano en las agendas regionales y globales.

Algunos especulan que el anuncio de Arabia Saudí de invertir 600.000 millones de dólares en EE. UU. durante los próximos cuatro años podría ser un intento de suavizar la presión de Trump sobre la normalización con Israel. Sin embargo, es poco probable que este compromiso económico distraiga a la administración estadounidense de sus objetivos.

El sentimiento público en el mundo árabe sigue siendo un obstáculo importante para la normalización. Según el Índice de Opinión Árabe de 2022, el 84% de los ciudadanos de 14 países rechazan las relaciones diplomáticas con Israel. La guerra en Gaza ha reforzado estas posturas, haciendo aún más difícil para el príncipe heredero Mohammed bin Salman avanzar en las conversaciones de paz.

A pesar de las especulaciones, la creación de un Estado palestino sigue siendo un desafío complejo, y las iniciativas unilaterales han tenido consecuencias desastrosas. El impulso de un acuerdo entre Arabia Saudí e Israel parece más un espejismo creado por Washington y Tel Aviv que un avance diplomático real.

En este contexto, las tácticas agresivas de Trump podrían exacerbar las tensiones regionales, empujando a la región hacia una mayor inestabilidad. Por ahora, la idea de un acuerdo entre Arabia Saudí e Israel parece más una ilusión que una realidad política.


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