Tom Barrack, el empresario amigo de Trump, escribió en X que Damasco, ahora, nos ayudará activamente a enfrentar y desmantelar los remanentes del ISIS , el CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), Hamas, Hizbolá y otras redes terroristas, confirmando así nuestro informe del pasado 11 de noviembre, más específicamente la parte donde dijimos que los campamentos del HTS que rigen políticamente Damasco prometieron, en las tratos que están teniendo con los estadounidenses, ayudar a Israel y Trump en la neutralización del eje chiita tanto en el Líbano, en el interior de Siria y en otras áreas.
De esa manera, el también embajador de EE. UU. en Turquía, aclaró para todos que Irán y sus aliados siguen siendo el mayor obstáculo para el pacto abrahámico en la región y que, por ende, utilizarán los servicios del HTS y otras organizaciones armadas para combatirles.
En la ecuación que Washington intenta establecer, Ahmed al-Sharaa no solamente tiene la tarea de darle viabilidad al nuevo proceso dentro del marco sirio, sino que también tiene asignadas otras tareas, tales como ser una herramienta de combate contra los chiitas cada vez que le pidan, desde Washington, entrar en esa función y de cuidarle un flanco a Israel.
Para los desarrolladores del pacto abrahámico es primordial recrear una zona ampla de seguridad para el futuro del estado israelí, más allá de los anillos inmediatos de seguridad que el estado sionista está procurando reconstruir.
Con una Siria involucrada en tales orientaciones, los Estados Unidos no tendrían que participar a menudo en las cuestiones de seguridad de Israel ya que los estados firmantes del plan abrahámico cubrirían esa función. Esto formaría parde del Medio Oriente y Sur de Asia que Trump dibuja, primero, en su mente, y luego en las distintas conversaciones que mantiene sobre esas dimensiones.
Barrack, que tiene la amistad de Trump desde 1988 y que, a la vez, frecuentaba a Jeffrey Epstein, y que, aparentemente, fue su cliente en las perversiones de quien fuera un agente de inteligencia de Israel, intenta atraer, junto con Trump, a Erdogan para dichos diseños, pero el presidente turco no tiene la intención de confrontar en una guerra a Teherán.
Sí tendría esa intención Ahmed al-Sharaa que piensa que tiene ganada y asegurada la jugada próxima porque estuvo en Washington. Pronto, la realidad hará lo suyo.


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