Robo en el Louvre: Francia se asoma al abismo social

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El robo en el museo del Louvre de las históricas joyas de la época de Napoleón III ha evidenciado la metáfora de la situación una Nación que hace aguas por todos los lados y cuyos síntomas de decadencia la conducen inexorablemente hacia un abismo de imprevisibles consecuencias.

Los últimos gobiernos instaurados en Francia han sido un completo desastre y su exigua duración representan una realidad que se asemeja a una tragicomedia griega. Veintisiete agónicos días ha sido el periodo del último ejecutivo, el de Emmanuel Macron con Sébastien Lecornu.

Los dos gobiernos anteriores también fueron efímeros: el de Michel Barnier, que duró 91 días, y el de François Bayrou, nueve meses. En las últimas décadas, Francia había hecho de la estabilidad anhelada por el general De Gaulle su sello distintivo, un ingrediente de su grandeza.

Hoy, todo esto parece un lejano recuerdo, desde los más de 2.000 días del gobierno de Georges Pompidou hasta los 836 minutos de Lecornu. Más allá de los acontecimientos actuales, se está desarrollando una patología profundamente arraigada, con considerables implicaciones sociales y económicas, en una sociedad que parece haber perdido sus pautas tradicionales.

Décadas de inmigración fácil o descontrolada han dividido a la sociedad francesa en dos, con alrededor de seis millones de musulmanes viviendo en barrios marginales, alejados de los valores republicanos. Albergan resentimiento y, en algunos casos, odio hacia sus anfitriones.

Hace unos meses, un informe confidencial encargado por tres ministerios reveló cómo la Hermandad Musulmana ha construido un peligroso Estado dentro del Estado en Francia.

La perspectiva globalista y liberal de Macron, que se basaba en las finanzas a expensas del trabajo real, ha revelado sus enormes limitaciones. Hoy, Francia alberga gigantescas corporaciones dominadas por el poder excesivo de los sindicatos y la falta de responsabilidad individual.

Parece como si una gigantesca maldición se hubiera desencadenado sobre el territorio francés. El incendio de la catedral de Notre Dame, el desastre de organización de la final de la Champions hace pocos años, el descontrol de los juegos olímpicos con la performance de insulto a los cristianos, barrios en los que no puede entrar la policía, delincuentes portando armas de guerra, y ahora el robo en el Louvre de parte del tesoro nacional. Hacia el abismo.


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