Bajo el título “¿A dónde está llevando Trump a Estados Unidos?”, la publicación norteamericana presenta el trabajo de Thomas Carothers, quien desempeña la dirección del Programa de Democracia, Conflicto y Gobernanza del Carnegie Endowment for International Peace.
Carothers alerta que, a causa de la rapidez con que actuaron Trump y su Administración, numerosos observadores concentraron su vista en los árboles, descuidando el panorama general del bosque.
El autor propone una noción que tiene mucho sustento fáctico, pese a que no puede abstraerse de algunas críticas incorrectas contra Trump.
El cree que Trump y su equipo persiguen una visión relativamente cohesiva, que se entiende mejor como una combinación de cuatro grandes proyectos interrelacionados. Estos vertebradores serían:
Un proyecto sociocultural de signo conservador que confronta al elitismo cultural de las universidades y las normas del liberalismo cosmopolita.
El segundo corresponde a la dimensión económica, rehaciendo la estructura de la misma en términos reconfigurativos de prioridad nacional -sin globalismo económico- y con el otorgamiento de beneficios financieros para, en expresión de Carothers, “el presidente, su familia, asesores y simpatizantes”.
La tercera vía de construcción de poder es la fabricación de un sistema político donde Trump sea el centro en la toma de decisiones a través de un mecanismo superpresidencialista.
Finalmente, el último proyecto es la adopción de un rol en el mundo que privilegie a la idea de “Estados Unidos Primero”, disminuyendo las garantías y las utilidades para los países aliados y reposicionando a los Estados Unidos para participar en la captación de la mayor cantidad de reservas estratégicas globales mediante el enfoque transaccionalista, aún con el fomento de una red internacional de líderes que Carothers llama “populistas de derecha”.
Estos cuatro proyectos se complementan entre sí porque: Transformar la economía estadounidense va de la mano con el reajuste de su posición económica internacional. Establecer un ejecutivo todopoderoso y sin restricciones no es solo un objetivo personal para Trump, sino también esencial para imponer cambios socioculturales drásticos y perseguir una política exterior altamente personalista con la que cree poder gobernar el país y el mundo.
Carothers también destaca que, en la dinámica de estos proyectos, hay inconsistencias y tensiones que son originadas por la variedad de “fuerzas y figuras políticas” presentes en la composición del equipo de Trump y concluye su trabajo diciendo: En conjunto, representan el intento más profundo de remodelar Estados Unidos y su identidad internacional que se recuerda.
Así las cosas, Trump es reconocido por amigos y enemigos como el hombre de la inflexión histórica de los Estados Unidos.


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