Los sinofobos de Norteamérica se muestran más preocupados ahora que hace un año porque se dejaron llevar por una convicción que aseguraba que la vuelta de Trump implicaría una retirada china del resto del continente americano.
Parecería que no pueden prescindir de una forma cerrada, unilateralista y dominante de mirar la región y sus vaivenes y no pudieron reconocer que, así como hay modificaciones realmente palmarias en otras zonas geográficas del orbe, en el marco latinoamericano sucede lo mismo.
Si bien estos grupos predominantemente antichinos hacen esfuerzos denodados para cortar o abreviar los vínculos que los países del sur del Río Bravo tienen con la República Popular China, lo cierto es que, hasta el momento, no obtuvieron lo que idearon por la sencilla razón de que la mayoría de estos estados, con sus respectivas capas económicas, no ven fundamentos para satisfacer la demanda de tales élites estadounidenses porque los puentes relacionables con Pekín no tienen la misma consistencia de, por ejemplo, el puente de Baltimore.
Si se ve atentamente el escenario político, se verá fácilmente que los presidentes que forman parte del Team contra China son muy pocos y carecen de influencia verdadera en los procesos políticos y económicos regionales.
Precisando: excepto dos o tres autoridades estatales, el resto lejos está de abroquelarse en el envión contra la presencia de China.
Hace unas semanas, Pekín intensificó sus lazos con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y se apresta al agrandamiento de su cooperación con toda la región, acentuando el multilateralismo, la inversión económica real y la interrelación colaborativa para participar y resolver cuestiones primordiales de la agenda mundial.
A Pekín no se le escapa el hecho de que hoy, el área latinoamericana presenta mayores dificultades que en otros períodos y que, desde Washington, se propala el plan de la doctrina Monroe con características del Siglo XXI y que Trump quiere sentarse a la mesa con Xi Jinping para sellar un trato de profundidad global.
Por ello, valiéndose de su experiencia y sus herramientas, el Dragón chino ha planteado prolongar su presencia hemisférica aún con el pesar del águila calva.


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