Un inmigrante de origen africano, concretamente etíope, fue arrestado anteayer domingo por la mañana en la zona de Finsbury Park, tras dos días de búsquedas frenéticas durante los cuales el hombre deambuló tranquilamente por la capital, subiendo y bajando de varios trenes. La participación ciudadana fue crucial para su arresto, según Scotland Yard.
Un testigo que paseaba a su perro por la zona presenció el arresto. Dos policías lo esposaron, pero no se resistió, no intentó escapar. Miraba al suelo, desesperado. El solicitante de asilo, condenado a 12 meses de prisión por agresión sexual y puesto en libertad erróneamente, fue localizado en el norte de Londres y será repatriado lo antes posible.
La Ministra del Interior, Shabana Mahmood, hizo el anuncio ayer después de que el caso desatara una considerable controversia. Hadush Gerberslasie Kebatu, ciudadano etíope, fue arrestado el pasado julio por agredir sexualmente a una mujer y a una niña de 14 años, pocos días después de ser alojado en el Hotel Bell de Epping junto con otros solicitantes de asilo.
Los primeros en expresar alivio por su arresto fueron los propios solicitantes de asilo. Khadar Mohamed, un somalí de 24 años a quien se le concedió asilo, declaró a The Guardian que su arresto es un gran alivio. Creo que es correcto deportarlo. No hay razón para mantenerlo aquí. Sería una mala imagen de todos nosotros si se quedara.
Debemos asegurarnos de que no se repita un error similar, declaró el Primer Ministro Keir Starmer para calmar las aguas, ya revueltas de por sí.
Iniciamos de inmediato una investigación para comprender lo sucedido. Estoy consternado por su liberación; nunca debió haber estado en nuestras calles, añadió ayer el ministro de Salud, Wes Streeting. Llegaremos a la raíz del error y garantizaremos total claridad y transparencia para el público, agregó también.
Este caso es solo la última falla flagrante del sistema judicial británico; atribuirlo todo a un simple error sería reduccionista e injusto.
El aumento exponencial del número de inmigrantes ilegales y del islam, explotado y mimado por la izquierda británica, ha abierto las puertas de la política y las instituciones a individuos con orígenes y tradiciones culturales extranjeros, incompatibles con la población europea.
Los resultados están ahí, a la vista de todos, y son espantosos: desde el alcalde de Londres, Sadiq Khan, hasta la ministra del Interior, Shabana Mahmud, quienes justifican la inmigración ilegal y encubren los crímenes de violadores pakistaníes, hasta la policía que reprime las manifestaciones patrióticas, pero teme arrestar a asiáticos o afroamericanos que cometen crímenes contra personas blancas por temor a represalias de sus comunidades, quienes controlan barrios enteros, estableciendo sociedades paralelas.
La violación se ha convertido en una realidad cotidiana en Europa, y las víctimas y los agresores son siempre los mismos, con el mismo color de piel.


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