Las acciones violentas que los gobiernos de Donald Trump y Benjamín Netanyahu emprendieron, en el último año, contra los intereses legítimos y soberanos de la República Islámica de Irán.
Sin embargo, no lograron absolutamente ningún cambio en el plano de la realidad ya que el sistema, liderado por Alí Jamenei, se mantiene en pleno funcionamiento y dirigiendo los pasos decisivos del país, sin la ruptura del orden interno, sin la fractura de la vertical del poder y sin la desintegración de las 31 provincias.
Por más que los planificadores del cambio de régimen y la nulificación soberana de Irán se esforzaron bastante para conseguir tales objetivos, la verdad es que Irán no retrocedió ni un centímetro frente a dicha ofensiva internacional y conserva su papel regional y pudo, incluso, mejorar su aceptación mundial en los planos de los factores de poder y de la percepción de los públicos, gracias, en parte, a la repetitividad de planes inviables de sus enemigos declarados, y, naturalmente, a la capacidad de actuar como poder independiente y a la firmeza conceptual vinculada a ella.
El poder iraní ha reducido drásticamente el número de opciones operativas que sus enemigos tienen para contenerlo y suprimirlo y ha extendido la cantidad de socios y amigos que posee en el orden global.
En las actuales coyunturas que son, por donde se mire, peligrosas y dramáticas, el círculo rector de Irán obliga a sus rivales poderosos a concretar sus amenazas mortales, siquiera parcialmente, o a retirarse hasta otra oportunidad al comprobarse, en los hechos mismos, el nivel de preparación de los mandos superiores y medios del estado y a la profundidad que alcanzó la interconectividad iraní en los diversos procesos regionales e internacionales.
Los tradicionales vendedores de alfombra, ahora, se revelaron, ante los ojos de los muchos, como eficaces administradores de dinámicas riesgosas y escenarios enmarañados, capaces de comportarse, sin destruir maniáticamente, en los ámbitos de la gobernanza mundial, preservando y protegiendo su sistema estatal.
No es por azar que, en estas horas que son difíciles para el futuro de Irán, la Oficina de Jameneí y los otros despachos de la dirección política y militar hayan visto que tienen socios y amigos, aun los que se hicieron como tales en la primera mitad de la presente década, que están dispuestos a brindarle su apoyo en formas diferentes.
Trump y Netanyahu y, junto a ellos, sus asesores públicos y secretos, lo pudieron comprobar. Con todo, el juego sigue abierto para la ocurrencia de imprevistos, sorpresas, arreglos y también derrotas vergonzosas.


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