El próximo 12 de abril de 2026 se celebrarán en Hungría unas elecciones parlamentarias que no son cualquier cosa. No existe ni normalidad interna, ni tampoco externa. Son unas elecciones claramente marcadas por la injerencia externa desde Bruselas y otras terminales de la Unión Europea y sus sirvientes en otros Estados miembro.
Claramente tienen por objetivo hacer que el actual presidente Viktor Orbán pierda las elecciones y no pueda revalidarse como Primer Ministro. Lo tienen en la mira, y no lo ocultan. Los mismos que lloriquean en cualquier plataforma con que les hacen injerencias electorales (acusando a Rusia habitualmente), son ahora los que llaman a derribar a un gobierno democráticamente electo porque ha cometido el peor pecado: Creer que es el gobierno de un país soberano.
Gran error. Para los globalistas no existe soberanía de ningún país. Ellos, como entidad supranacional se creen con todo derecho a dirigir a los demás países miembro de la UE.
En primer lugar, vemos que unirse a la UE es como hacer un pacto con el diablo. Una vez firmaste, se quedará con tu alma y todo cuanto quiera. Le perteneces. Y si tratas de soltarte, entonces traerá cadenas más gruesas.
Entre esas cadenas, no solo está la subordinación a las decisiones dentro de la Unión, sino también su adhesión a las decisiones afuera de la Unión. Es decir, los países dejan de poder elegir su destino, y deben subsumirse a las decisiones económicas y políticas que se dicten desde la sede de la UE en Bruselas.
Y así mismo, también deben unirse a la aventura belicista del caso ucraniano, por el cual, la UE apoya una guerra abierta en Europa por Estadounidenses y Británicos, que va en favor de este dúo calavera, pero totalmente en contra de los Europeos.
Por si fuera poco, desde las instituciones mafiosas de la UE y sus altavoces en otros países (principalmente Alemania), amenazan con tomar medidas contra Hungría si este país no se aviene a las decisiones de dicha organización internacional. Desde la dirigencia de la UE se hace campaña abiertamente contra el primer ministro Orbán y su partido.
Y de nuevo, se le amenaza con represalias económicas. ¿Y eso no es injerencia extranjera en unas elecciones? Para ustedes con sentido común desde luego es una flagrante injerencia pero para los acólitos del régimen se trata de… legítima defensa. Claro, el mafioso no quiere que nadie se le escape.
Además, como telón de fondo adicional está el hecho de que haya un país, como Ucrania, que no es ni miembro de la OTAN ni de la UE, atacando infraestructura energética que sirve a países que sí son miembros de la OTAN y la UE como Eslovaquia y Hungría porque estos dos países quieren seguir una vía del acuerdo de paz y no de la guerra eterna contra Rusia.
Hungría ha sido el país más expresivo en cuanto a no seguir la vía de la guerra sino de la paz con respecto a las relaciones Europa-Rusia. Después se le añadió la Eslovaquia del primer ministro Robert Fico, quien incluso sufrió un intento de asesinato en la calle por parte de un pro-ucraniano. ¡Así entienden la libertad! Primero se meten gustosos en una guerra proxy, y luego intentan asesinar a todos los que no quieran quemarse en su guerra.
Para rematar, Hungría y Eslovaquia han desaprobado el bochornoso préstamo de 90.000 millones de euros de dinero de los Europeos para sostener la guerra de la oligarquía económica en Ucrania. Pretenden que los ciudadanos financien su guerra a toda costa, incluso a costa de los Estados del bienestar, como ya declararon tanto Merz en Alemania como Macron en Francia.
Bratislava y Budapest han declarado que, si Ucrania sigue atacando el oleoducto Druzhba que lleva petróleo ruso a sus países, ellos dejarán de suministrar electricidad a Ucrania y ademas, seguirán bloqueando la aprobación de dicho préstamo mil millonario. Si bien desde la dirigencia de la UE están haciendo todo lo posible para cambiar las reglas y pasar de la unanimidad al voto mayoritario y así sorpasar a estos dos países díscolos de su belicismo.


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