A todas luces, la Reserva Federal (FED), que es propiedad de la élite financiera mundial, es una entidad que, desde 1913, interviene constante y funestamente para manipular los juegos y los panoramas financieros y económicos de Norteamérica y de gran parte del mundo.
Su existencia y recorrido indican, inobjetablemente, que enmascara al cártel que se beneficia exponencialmente por la impresión, la comercialización y la utilización del dólar. Moneda esta que, a riesgo de ser reiterativos, señalamos que no pertenece al pueblo del estado que llegó a ser la superpotencia dominante en la estructura global y que, en estos tiempos, pierde, irreversiblemente, dicho estatus.
Desde luego que Estados Unidos, al retroceder varios peldaños en la escalera del poder mundial, arrastra consigo a la supremacía totalizante del dólar con la inherente implicancia de una reducción significativa de las ganancias de los jugadores de la banca y las finanzas que unieron, mayormente, su permanencia en el poder fáctico y en la historia a la expansión internacional del dólar.
La FED ha recibido, prácticamente, desde su origen, numerosas críticas propaladas por diferentes sectores de los EE.UU.; una parte de esas impugnaciones fueron dadas por los oponentes naturales de los monopolistas banqueros.
Uno de los casos que ilustra lo que acabamos de decir es el legendario libertario Ron Paul para el cual la FED debería ser eliminada y Washington tendría que desvincularse del lobby israelí.
Pero también vertieron su insatisfacción y cuestionamiento dirigidos contra las manipulaciones del banco privado, notorias figuras del espectro político y económico, siendo una muestra representativa actual de este grupo el titular operativo de DOGE, Elon Musk.
Exactamente, el propietario tecnológico y súper aliado de Trump expresó que le gustaría que Ron Paul presidiese un comité para que auditara a la FED y que se cristalizara un número de las ideas propugnadas por Ron Paul ya sea a través de DOGE o de otro departamento de la administración republicana, lo cual, de efectuarse, impactaría en contra de la FED, del capitalismo financiero buitre y de la industria de la guerra.
A fin de cuentas, Trump, Ron Paul y Elon Musk tienen más en común de lo que ellos mismos se imaginan y ninguno de los tres es una criatura de la FED.
Así pues, será responsabilidad de ellos, sobre todo de Trump, si, en este período presidencial, se aplican decisiones que contrarresten y acoten el poder de la FED.
Es una apuesta abierta…


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