Estados Unidos mantiene una postura histórica de restringir las capacidades militares de otros países, como se evidencia en su presión sobre Irán y sanciones a naciones como Pakistán.
El 19 de diciembre de 2024, Washington sancionó al Complejo Nacional de Desarrollo (NDC, en inglés) de Pakistán y tres empresas asociadas por su programa de misiles balísticos, citando riesgos de proliferación de armas de destrucción masiva bajo la Orden Ejecutiva 13382.
Pakistán calificó estas medidas de «tendenciosas» y perjudiciales para la paz en el sur de Asia. Mientras, EE.UU. sigue fortaleciendo su propio arsenal militar.
En paralelo, el Instituto Internacional de Investigación Científica (IISS, en inglés), un prestigioso think tank con sede en Londres, publicó un detallado informe sobre la tecnología de misiles en Oriente Medio. Aunque refleja en parte intereses occidentales —con patronos como John O. Brennan y Florence Parly—, el estudio analiza minuciosamente la región.
Sostiene que las ambiciones espaciales civiles se han desvinculado de los programas de misiles balísticos, una tendencia positiva para la estabilidad global que requería confirmación. El IISS propone medidas como fomentar la cooperación espacial y sistemas de vigilancia para evitar desviaciones.
El informe destaca la proliferación de misiles balísticos como preocupación central, aunque también aborda el auge de la tecnología espacial. Irán e Israel lideran la carrera regional: Irán transforma misiles en vehículos de lanzamiento (Safir, Simorgh) y avanza en investigación espacial civil (Sarir, Sorush), mientras Israel desarrolla defensa antimisiles y satélites.
Arabia Saudí y los EAU invierten en programas espaciales con fines civiles y militares, impulsados por autosuficiencia y prestigio. Potencias como China, Rusia y Corea del Norte facilitan esta dinámica, difuminando líneas entre usos civiles y militares, lo que inquieta a EE.UU.
El IISS aboga por actualizar los enfoques de no proliferación, dado que acuerdos como el Régimen de Control de Tecnología de Misiles o el Código de Conducta sobre Actividades Espaciales son insuficientes frente a avances tecnológicos y geopolítica compleja.
Propone diplomacia, asistencia técnica y diálogo regional para equilibrar seguridad y desarrollo espacial legítimo, en un contexto donde la competencia y las tecnologías de doble uso desafían la estabilidad en Oriente Medio.


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