Después de fulminar literalmente a la oposición en Rumania, hoy se repite la misma jugada en Francia, Marine Le Pen es declarada culpable, inhabilitada y condenada a 5 años de prisión, su imparable subida en las encuetas de intención de voto ha sido el detonante.
A estas alturas hay que ser un auténtico imbécil para seguir creyendo que un sistema democrático de libertades rige en Europa; cuando alguien pone en peligro la hegemonía de los partidos políticos amparados por las logias, los tribunales, también teledirigidos por esas mismas logias, se ocupan de liquidar al oponente.
El Tribunal de París declaró culpables a Marine Le Pen y a otros once miembros de su Partido de malversación de fondos públicos de la UE. Esta condena tiene consecuencias importantes, la más importante la inelegibilidad, que podría excluir a Le Pen de la carrera en las próximas elecciones presidenciales de 2027.
El Tribunal aún no ha indicado si la inelegibilidad iría acompañada de una ejecución provisional y, por tanto, inmediata, sin esperar a niveles de sentencia definitiva en posteriores instancias judiciales al interponer recursos por parte de la defensa de la líder francesa. La Fiscalía había solicitado también cinco años de prisión, tres de los cuales suspendidos, e inhabilitación con efecto inmediato.
A pesar del éxito rotundo de Jordan Bardella, nuevo chico prodigio de la política francesa y digno sucesor de Marine, presidente del grupo Patriotas por Europa en el Parlamento Europeo y miembro de la presidencia del partido Identidad y Democracia Europeas; el partido que estuvo cerca de ganar las elecciones legislativas más de una vez (y si el sistema francés con el llamado cordón de todos los demás partidos en la segunda vuelta electoral fuera diferente, ya habría gobernado el país) sale muy disminuido.
La amarga verdad es que el Frente Nacional, posteriormente reconvertido en Agrupación Nacional, hacía tiempo que había perdido su identidad original y su impulso revolucionario. Marine Le Pen tuvo la intuición de bajar el tono de las posiciones extremistas para hacer que el partido fuera aceptable para un electorado conservador pero centrista, pero las inconsistencias de su línea política son evidentes, con un abandono sustancial de sus proclamas iniciales.
La formación identitaria ha sido vaciada de su contenido esencial en cuestiones tan cruciales como el retorno a la moneda nacional y, por tanto, la soberanía económica efectiva y la salida de la Unión Europea, jaula y verdugo de los pueblos europeos.
La Unión Europea, con su aparato regulador hipertrófico, es un monstruo burocrático radicalmente diferente de la Comunidad Económica Europea que De Gaulle quería reformar. La idea de cambiar el sistema desde dentro es, por tanto, un eslogan útil para seducir y engañar al ciudadano de a pie que no tiene en cuenta la legislación europea y no se da cuenta de la imposibilidad fáctica de tal propuesta.
La pregunta ahora es ¿Quién será el siguiente? De momento en España los Tribunales han amenazado hoy con una posible investigación a Alvise Perez, auténtico revulsivo de la actual política patria.


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