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Fracaso multicultural de los globalistas en Alemania

2–3 minutos

Si ayer hablamos del caos generado en Francia, hoy es el turno de Alemania, cuya ejemplar imagen de orden público se ha visto sacudida en los últimos años, pocos imaginaban que la capital alemana pudiera ser escenario de tamaña ola violencia en un solo fin de semana.

El informe de la policía local parece un parte de guerra; ataques con arma blanca y tiroteos en diversas zonas de la ciudad han dejado una persona muerta y varias heridas. Este es sólo el último desenlace de una batalla entre bandas criminales que luchan ferozmente por conquistar los mercados de la droga y la prostitución.

La situación es tan grave que ha llevado al portavoz del sindicato policial a exigir enérgicamente que se permita a las fuerzas del orden infiltrarse en estas bandas criminales para restablecer el orden en Berlín.

Sin embargo, de momento, la coalición de Brandeburgo, liderada por el SPD, se limita a medidas de dudosa eficacia, como la prohibición de portar cuchillos en el transporte público, algo que causa risa incluso a los propios delincuentes.

Los violentos enfrentamientos del fin de semana en Berlín atrajeron por fin la atención de los medios, aunque las autoridades llevaban años informando del problema, es ahora cuando empieza a vislumbrarse la cortina de humo que la clase política imponía para ocultar este tema con el oscuro fin de evitar el auge de la extrema derecha.

A diferencia de lo que ocurría hasta hace poco tiempo, los enfrentamientos se producen en espacios públicos, facilitados por la laxitud de la administración de izquierdas. Son los ciudadanos quienes pagan las consecuencias, a menudo, los transeúntes se ven involucrados en estos enfrentamientos cuando estos delincuentes empiezan a disparar al azar.

Un hombre que esperaba a un amigo en un portal fue alcanzado de bala en la localidad de Neukölln. Y en Kreuzberg, un joven resultó herido mientras comía en la terraza de u restaurante.

Según el jefe de la Policía Local, las fuerzas de seguridad encuentran ante la dificultad añadida de distinguir quién es la víctima y quién el delincuente, especialmente cuando los residentes de ciertos barrios se niegan a cooperar con la policía. Hay una única conclusión, el multiculturalismo ha fracasado estrepitosamente.


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