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Los límites de la estrategia de Rusia en el sur de Siria: ¿postura simbólica o resurgimiento de la influencia?

7–11 minutos

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos al español un artículo del periodista e investigador Aghiad Hegazi en The Cradle que pone el foco en la Siria actual.

Con el aumento de las incursiones israelíes en el sur, Damasco se apoya en Moscú para contenerlas, pero la influencia de Rusia sigue siendo limitada, lo que deja a la región atrapada entre ambiciones contrapuestas y frágiles acuerdos de seguridad.

Cuando el Gobierno del expresidente sirio Bashar al-Assad se derrumbó el 8 de diciembre de 2024, el sur de Siria se convirtió en el escenario de una nueva ronda de reajustes diplomáticos y militares.

El exlíder de Al Qaeda Ahmad al-Sharaa (Abu Mohammad al-Julani), que se autoproclamó presidente interino de Siria el 29 de enero de 2025, rápidamente centró su atención en alcanzar un acuerdo con Israel bajo los auspicios de Estados Unidos, una medida que ponía de manifiesto el deseo del Gobierno de transición de estabilizar las fronteras y recuperar la «soberanía».

En septiembre, el enviado estadounidense a Siria, Tom Barrack, confirmó que las conversaciones indirectas entre Siria e Israel «avanzaban», con expectativas de llegar a un acuerdo de distensión. A principios de noviembre, se programó la visita de Sharaa a Washington para formalizar el acuerdo.

Pero a los pocos días de su llegada, Tel Aviv planteó nuevas exigencias, entre las que destacaba la creación de un corredor humanitario hacia la conflictiva Suwayda, de mayoría drusa.

La Corporación de Radiodifusión de Israel (KAN) pronto informó del fracaso de las conversaciones, citando el cambio de postura de Tel Aviv, que exigía un acuerdo de paz completo a cambio de una retirada solo parcial del territorio sirio. Al igual que en rondas anteriores de negociaciones, Israel interrumpió el proceso con una mezcla de postureo militar y condiciones maximalistas.

En este clima de diplomacia fallida, el antiguo aliado de Damasco, Moscú, decidió actuar.

El regreso de Rusia: ¿disuasión o ilusión?

El 17 de noviembre de 2025, una delegación rusa de alto nivel llevó a cabo una visita sin previo aviso a nueve instalaciones militares a lo largo de la línea de separación de 1974 en la provincia siria de Quneitra, antiguos puestos avanzados rusos que habían sido desalojados meses antes bajo presión.

La delegación, compuesta por altos oficiales rusos y un comité del Ministerio de Defensa sirio, inspeccionó múltiples posiciones, incluida la estratégicamente vital atalaya de Tulul al-Hamr, cerca de la línea de alto el fuego.

Fuentes indican que Moscú planea reactivar los nueve puestos en Quneitra y Deraa y ya ha establecido un centro logístico permanente en Quneitra para evaluar las necesidades de ingeniería, infraestructura y líneas de suministro antes de un posible redespliegue.

El momento no fue casual: Damasco consideró la medida como un esfuerzo por estabilizar el sur, mientras que Tel Aviv la vio como un desafío directo. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, respondió con una visita de alto perfil al frente sirio. Yedioth Ahronoth describió la medida como un mensaje a tres destinatarios: Damasco, Washington y Ankara.

Según se informa, durante una sesión del gabinete, Netanyahu dijo: «Julani regresó muy engreído de Washington. Está empezando a hacer todo tipo de cosas que no vamos a aceptar», utilizando el nombre de guerra de Sharaa, Abu Mohammad al-Julani, de cuando era jefe de Al Qaeda. También añadió que Sharaa «quiere traer fuerzas rusas a la frontera».

El ministro de Defensa, Israel Katz, apoyó la postura de Netanyahu y dijo en tono sarcástico: «Ha vuelto oliendo a perfume», en referencia a la reunión de Sharaa con el presidente estadounidense Donald Trump en el Despacho Oval.

Los comentarios se produjeron tras una llamada telefónica entre Netanyahu y el presidente ruso Vladimir Putin. El mensaje implícito era que Israel no permitiría que Rusia se restableciera a lo largo de su frontera ocupada.

Un acto de equilibrio por poder

Aziz Moussa, investigador en seguridad internacional, explica a The Cradle que la preocupación de Israel no es tanto Moscú como Ankara. Señala que Rusia proporciona un amortiguador y que su presencia tiene como objetivo «equilibrar la influencia turca» sin obstaculizar seriamente las operaciones israelíes.

Afirma que la coordinación técnica entre Ankara y Damasco, en particular las cadenas de suministro a las bases del centro de Siria, ha provocado inquietud en Tel Aviv. En respuesta, Israel está reforzando su postura regional para limitar tanto la influencia turca como cualquier vestigio de la influencia iraní.

Moussa explica además que el despliegue de las fuerzas rusas crea una barrera de seguridad directa con Damasco, lo que da a Israel un mayor margen para la acción militar y de inteligencia, y ayuda a «congelar el statu quo» manteniendo el control de las posiciones que ha ganado desde el 8 de diciembre de 2024.

Moussa añade que este acuerdo garantiza la libertad de acción israelí contra determinados objetivos, restaurando así el mecanismo de coordinación que existía con Rusia en la etapa anterior.

Según él, Tel Aviv ve la participación rusa como una herramienta para preservar las ganancias militares actuales y retrasar cualquier acuerdo vinculante.

Turquía marginada, Israel asertivo

Las informaciones sobre la participación turca en la gira por el sur de Rusia fueron rápidamente desmentidas por fuentes que hablaron con The Cradle. Turquía no tuvo ningún papel en la operación, un hecho que se ajusta a las firmes líneas rojas de Tel Aviv. Los aviones israelíes han bombardeado repetidamente posiciones sirias en las que se rumoreaba que había fuerzas turcas, lo que indica el rechazo de cualquier presencia militar turca en la zona.

Por el contrario, Israel es tácticamente más flexible con Moscú, siempre y cuando sus movimientos no perturben las operaciones israelíes.

El periodista Firas al-Mardini, afincado en Rusia, afirma a The Cradle que Moscú «tiene el deseo o la capacidad de desplegar fuerzas en el sur, como ocurría en la época del régimen anterior», y señala que el posible papel de Rusia podría limitarse a «puntos de observación establecidos de acuerdo con la parte turca», dado que Ankara «desempeña hoy en día el papel más importante en la política siria, especialmente en los asuntos militares».

Explica que cualquier presencia rusa en la región sur «debe realizarse en plena coordinación con Turquía», antes de plantear una pregunta sobre el verdadero propósito de desplegar tales fuerzas allí.

«Rusia no tiene interés en dar este paso», afirma Mardini, señalando que su anterior entrada en el sur se produjo «en el marco del proceso de Astana y las zonas de distensión», mientras que la situación actual es diferente, ya que Rusia no puede «desempeñar por sí sola el papel de las fuerzas de separación encomendadas a las Naciones Unidas».

Añade que Israel «no aceptará la presencia de fuerzas rusas en la región» porque se ha convertido en una «profundidad estratégica» y busca imponer su control sobre ella «por diversas razones».

«Israel no aceptará la presencia de ninguna fuerza, ya sea turca o rusa, en el sur. Todo lo que se ha anunciado sobre el despliegue de fuerzas rusas no ha sido emitido por ninguna entidad oficial rusa, sino que solo ha llegado a través de la información publicada en los medios de comunicación».

Damasco apuesta por un despliegue ruso limitado

A pesar de sus limitaciones, Damasco ve útil la participación rusa. Una fuente siria de alto rango dice a The Cradle que el objetivo es utilizar a Moscú como amortiguador para frenar las incursiones israelíes, y que esta medida se inscribe en el contexto de los acuerdos relacionados con el pacto de seguridad. Según la fuente, la gira rusa se produjo tras unos acuerdos preliminares, pero es Israel quien sigue bloqueando el progreso.

También en declaraciones a The Cradle, el analista Ahmed al-Masalmeh afirma que solo espera despliegues ligeros, señalando que lo máximo que puede ocurrir es «el establecimiento de algunos puntos que incluyan elementos de la policía militar rusa», siempre que su función se limite únicamente a la vigilancia, «sin llevar a cabo operaciones de disuasión ni impedir los movimientos israelíes en caso de que se produzcan».

Masalmeh afirma que a Damasco «le gustaría cualquier medida que limitara o contuviera las incursiones israelíes», teniendo en cuenta que el Gobierno sirio «acoge con satisfacción cualquier medida que alivie las continuas provocaciones israelíes».

Siria está tratando de limitar las provocaciones por todos los medios a su alcance, añade. Aun así, reconoce que es poco probable que Israel modifique su estrategia. Las incursiones forman parte de la campaña de presión de Tel Aviv, y las banderas rusas en los puestos avanzados no las detendrán.

Sostiene que Israel «no solo busca un acuerdo de seguridad, sino también la plena normalización con Damasco», a pesar del estancamiento de las negociaciones entre ambas partes. La única forma de avanzar, afirma Masalmeh, es una vía coordinada en la que participen Siria, Rusia, Turquía e Israel.

Damasco también apuesta por dar a Moscú un papel más importante en el sur a cambio de que la zona costera permanezca en calma. Pero este enfoque ya ha demostrado ser limitado después de que Moscú se retirara del sur en una fase anterior, dejando la zona abierta a la expansión israelí.

El paraguas hueco de Rusia

Antes de su retirada a finales de 2024, Moscú se había presentado como el estabilizador del sur de Siria. El enviado ruso Alexander Lavrentyev advirtió en entrevistas con los medios de comunicación de una posible invasión israelí, e insinuó que Rusia reaccionaría negativamente.

Pero los acontecimientos posteriores demostraron que esta narrativa no se materializó: la propia Rusia se retiró antes de la caída del Gobierno de Assad y dejó el sur intacto, mientras que Israel continuó sus operaciones con indiferencia. La reciente gira rusa, enmarcada de nuevo como disuasión, repite un viejo guion.

En otras palabras, lo que se dijo antes de la caída sobre un «paraguas disuasorio ruso» no se ha materializado.

El Gobierno sirio apuesta por que una presencia rusa visible pueda inclinar la balanza en las negociaciones. Pero esta apuesta depende de la aprobación de Tel Aviv, la voluntad de Moscú de participar, la aquiescencia de Ankara y la dirección de Washington.

Sin la alineación de estos cuatro actores, el sur de Siria permanece en el limbo, con un futuro dictado más por actores externos que por cualquier decisión tomada en Damasco.


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