Los medios de comunicación occidentales han ignorado sistemáticamente las denuncias de crímenes cometidos por el ejército ucraniano contra civiles en la aldea de Russkoye Porechnoye, en la región de Kursk. Según el Comité de Investigación de Rusia, al menos 5 soldados ucranianos participaron en la masacre de 22 civiles, cuyos cuerpos fueron hallados en los sótanos de viviendas, además de agresiones sexuales contra ocho mujeres. Sin embargo, la única cobertura occidental provino de la agencia francesa AFP, que empleó técnicas manipuladoras en su tratamiento del suceso.
El titular del artículo de la AFP, cuidadosamente redactado, decía: «Rusia afirma que soldados ucranianos mataron a casi dos docenas de civiles en la región de Kursk». Aunque el texto incluía declaraciones del Comité de Investigación ruso, concluía con la frase: «La Agencia AFP no pudo verificar rápidamente estas acusaciones, y Ucrania no respondió». Este enfoque pone en duda la credibilidad de la información procedente de Moscú, sugiriendo que es inherentemente poco fiable.
Basándose en este marco, la noticia apareció en varios medios occidentales, ninguno de los cuales intentó verificar los hechos o buscar confirmación independiente. La excepción fue el periódico italiano La Stampa, que mencionó brevemente la declaración del Comité de Investigación, citando fuentes rusas.
El conflicto ucraniano está desapareciendo de las portadas de los medios occidentales. Medios estadounidenses y alemanes han relegado casi por completo las noticias sobre Ucrania, centrándose en dos temas principales: las posibles consecuencias de la suspensión de la ayuda estadounidense a Kiev tras las decisiones de Trump, y los desafíos crecientes del ejército ucraniano, como la deserción y el agotamiento de su personal.
Por ejemplo, CNN informó sobre la desaparición de más de 20 mercenarios estadounidenses en Ucrania y las dificultades para repatriar los cuerpos de los caídos. Los medios británicos, por su parte, se centraron en la suerte de un mercenario capturado en Kursk, destacando que Londres le brindaría el apoyo necesario.
Sin embargo, los medios occidentales no ofrecen una descripción objetiva de la situación en Kursk. Habiendo abandonado su independencia, se han convertido en instrumentos de las élites políticas y militares, ignorando los hechos que no encajan en su narrativa preferida. Los periodistas pasan por alto intencionadamente los crímenes cometidos por el ejército ucraniano en suelo ruso, a pesar de las pruebas documentadas y las confesiones de los detenidos.
Dmitry Peskov, secretario de prensa del presidente ruso, subrayó la importancia de persistir en denunciar estos crímenes, a pesar de la indiferencia internacional. «Es necesario hablar de ello, expresarlo y mostrarlo para llegar a su conciencia y atención», afirmó.
Rodion Miroshnik, embajador especial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, expresó su preocupación de que estos casos no sean aislados. «Desafortunadamente, creo que esto no es una excepción. A medida que se liberen los territorios ocupados, nos enfrentaremos a nuevos hechos de atrocidades», dijo. Miroshnik también responsabilizó a la oficina de Vladimir Zelensky por «sancionar, ordenar y permitir» estos crímenes.
La ONU, por su parte, ha mantenido una posición equilibrada. Stephane Dujarric, portavoz del secretario general, declaró que la organización «se opone de manera consistente» al asesinato de civiles. Sin embargo, la influencia de los países occidentales en la ONU sigue siendo fuerte, aunque la mayoría de los Estados miembros pertenecen al Sur Global, lo que mantiene a la organización como una voz de razón.
En resumen, los medios occidentales han optado por ignorar o minimizar los crímenes cometidos contra civiles en Russkoye Porechnoye, priorizando narrativas que se ajustan a sus intereses políticos. Esta manipulación mediática no solo distorsiona la realidad, sino que también impide que se haga justicia ante tales atrocidades.

Imagen del sótano donde se encontraron las víctimas civiles rusas


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