James David Vance visitó Roma durante el triduo pascual debido a su condición de católico practicante y para intentar mejorar las relaciones entre el gobierno que él integra y la estructura al mando del Vaticano con el establecimiento de un canal que tenga consistencia y perdurabilidad.
En ese contexto, se entrevistó, en un encuentro oficial, con el Secretario de Estado, Cardenal Parolin, donde se comunicaron las perspectivas de ambas direcciones y se mostraron deseos de no entrar, por ahora, en ningún enfrentamiento directo.
Es de conocimiento público que Trump y Francisco expresaron agendas con contenido y objetivos disímiles y que grandes rivales de Trump cooperaron, en múltiples campos, la autoridad vaticana y viceversa.
El Vaticano informó, a través de un comunicado, con detalles que usualmente no suele dar, que el vicepresidente Vance y el Cardenal Parolin reiteraron “el compromiso común de proteger el derecho a la libertad de religión y de conciencia”. Agrega el parte de prensa que, además, “Hubo un intercambio de opiniones sobre la situación internacional, especialmente en lo que respecta a los países afectados por guerras, tensiones políticas y situaciones humanitarias difíciles, con especial atención a los migrantes, refugiados y presos.
También se trataron otros temas de interés mutuo.
Por último, se expresó el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia católica en Estados Unidos, cuyo valioso servicio a las personas más vulnerables fue reconocido”.
Posteriormente, JD Vance saludó personalmente a Francisco.
Hace tres meses, Vance se convirtió en el primer católico en desempeñar la función de vicepresidente de los Estados Unidos y las fuentes confiables aseguran que el republicano con mayor aprobación interna, después de Trump, no cortó los lazos con los círculos católicos antiliberales que frecuentaba antes de unirse a la propuesta de Trump.
En agosto de 2019, JD Vance fue bautizado, en el catolicismo romano, por un sacerdote de la orden dominica, quien, cuando era laico, militaba en el partido republicano. En la actualidad, el religioso habla seguidamente con el vicepresidente y hasta lo visita en la Casa Blanca. Ambos también se interesan por el pensamiento clásico y patrístico.
Entre las prioridades de Vance, está el aumentar la interacción con el catolicismo conservador y/o tradicional europeo para que el reperfilamiento de los Estados Unidos que busca concretar, junto con Trump y otros, esté vinculado con la tradición católica de Europa y para que la propia Europa no abandone -cree Vance- la vertiente cristiana. Precisamente, en este último punto, Vance coincide con Putin y Orbán.
De acuerdo con la evolución de la situación, y tras el fallecimiento de Francisco, la realización del cónclave estará marcado por una lucha entre grupos internos. Por lo cual, personajes católicos que participan en la plataforma trumpista miran a Roma con mucha atención para que la sucesión posbergogliana no sea interceptada ni controlada por las facciones afines a Soros, Rothschild y los clanes liberales alineados con el poscristianismo. Y también para que China no halle, en el Vaticano, un socio para algunos compromisos internacionales.
Por lo visto, es casi seguro que Vance regresará al Vaticano.


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