El final del pontificado de Francisco nos deja una pugna importante en el que la geopolítica juega también un papel fundamental y donde vamos a ver intereses contrapuestos.
No es asunto menor que la última visita que recibió el Papa Francisco el día anterior a su fallecimiento fuera JD Vance, el Vicepresidente de EEUU, por lo que se espera que va a desatarse una feroz competencia entre el sector conservador y el denominado franciscano, seguidores de Bergoglio.
A colación de esto último, 136 Cardenales menores de 80 años, la mayoría nombrados por el propio Francisco, serán los elegibles en el cónclave que se celebrará en dos o tres semanas.
Con unas arcas vaticanas casi vacías, el nuevo Papa afronta un periodo complicado, y se espera que este nuevo año de Jubileo, que se conmemora cada 25 años, sirva para hacer caja debido a los millones de fieles cuya llegada se producirá en los próximos meses a la ciudad de El Vaticano.
En este momento gana mucho peso el sur global con la figura emergente del Cardenal conservador Robert Sarah, que podría convertirse en el primer Papa de raza negra, y es a quien los conservadores comienzan a aupar a la Silla de Pedro.
Francisco deja una Iglesia enfrentada y herida de muerte, ya que el sector conservador no va a aceptar de buen grado la elección de otro progresista, sin embargo, Bergoglio maniobró durante su pontificado para dejarlo de esta manera todo atado y bien atado.
Es complicado por tanto entender que es lo que puede suceder a partir de ahora, y se prevé una lucha feroz entre los conservadores y los aperturistas hacia los laicos. Comienzan a escucharse diversos nombres de un lado y de otro, pero coge cada vez más fuerza la posibilidad del nombramiento de Robert Sarah, que daría un giro de 180 grados a la posición actual de la Iglesia católica.
La respuesta, en pocos días, lo que se puede claramente vislumbrar es que la geopolítica va a jugar un papel fundamental en este nuevo papado.


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