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La elección del «Papa Americano» no fue casual

3–5 minutos

Contra todo pronóstico externo, y en el segundo día del cónclave, los electores del Colegio Cardenalicio designaron s Robert Francis Prevost como el próximo clérigo que ocupará el trono en el Vaticano.

El cardenal, nacido en los Estados Unidos, pero también nacionalizado peruano, habría conseguido más de 100 votos de los 133 cardenales que participaron en el cónclave de la Capilla Sixtina.

Para alcanzar tanta cantidad de votos en la cuarta ronda y  para que concluya el proceso electivo en una forma rápida, se necesitó que, en las días de las Congregaciones Generales, comúnmente llamado precónclave, que se haya llevado a cabo una transversalidad consensual reuniendo a distintos grupos y/o bloques para mirar todos los “comprometidos” en la misma dirección y que el “cardenal de la convergencia” corte las posibilidades de altos dignatarios como Pietro Parolin y Matteo Zuppi.

Estos últimos habían creado, en años recientes, una “imagen papal” para reemplazar a Francisco. Aún más: estos prelados se articularon con poderosas maquinarias que le sirvieron de respaldo para esta contingencia.

Como se sabe, fracasaron en la misión porque personalidades influyentes de EE.UU., presentes en la internalidad y en la externalidad del Vaticano, unificaron sus fuerzas para inscribir, por primera vez, en los 2000 años de la Iglesia Católica romana, un “Papa estadounidense” o, en el léxico equivocado de tantos medios de comunicación:

un “Papa Americano”… porque los estadounidenses, en el siglo XX, implantaron, hacia el Atlántico y hacia el Pacífico, que el mundo (excepto los pueblos y países comprendidos desde México hasta Tierra del Fuego) los llamara a ellos “americanos” porque, en esa semántica, y de una forma implícita, todo el continente de América sería de su propiedad.

Como dijimos, EE.UU. quería un “Papa” de su nacionalidad y así lo hizo, en gran medida por la labor del cardenal Timothy Dolan, el hombre de Trump en el Vaticano.

El conservador Dolan también acordó con la otra facción liberal eclesiástica norteamericana para que los italianos y otros no pongan a sus hombres en el trono y para que, como finalmente ocurrió, el Vaticano tenga un “Papa Americano”.

Así como Juan Pablo II no era el “Papa de Jimmy Carter y Ronald Reagan”, pese a que el poder de EE.UU. deseó  y activó para que Wojtyla se convirtiese en el reemplazo de Juan Pablo I porque quería una cooperación profunda del Vaticano con la geopolítica estadounidense; o, ya en el siglo XXI, Benedicto XVI, de muy buenas relaciones con la familia Bush, o Francisco, que fue apoyado, en un principio y en gran parte de su gobierno, por los demócratas, colaboraron fuertemente con algunos planes mundiales de EE.UU., del mismo modo León XIV lo hará… esta vez con la administración Trump, sin romper los vasos comunicantes con los atlantistas demócratas porque sus extensiones todavía permanecen en el Vaticano y en los mismos Estados Unidos.

En concreto, es incorrecto plantear que León XIV será un “Papa anti-Trump”, aunque, está claro, que no se someterá a todo lo que Dolan y Trump le pidan. Trump lo sabía, lo sabe y, presumiblemente, aceptó todo.

En estas cuestiones, interesa él  y no las críticas de Steve Bannon, Alex Jones y otros MAGA  o sus epígonos iberoamericanos, que no conocen, por lo que se vio, el “mundo vaticanista” y asemejan el cónclave a una elección en Los Ángeles, Dallas, Barcelona, Brasilia o Santiago de Chile.

Ya lo dijeron los cardenales conservadores y progresistas de EE.UU., en su conferencia de prensa: León XIV no es la transposición de la dicotomía demócrata-republicana.

En la familia de León XIV, hay distintas sensibilidades ideológicas y políticas.

Por ejemplo,  Lou Prevost, hermano mayor de Robert, activo durante más de 10 años en las fuerzas militares, votó por Trump.

Siendo así, los cardenales conservadores Dolan y Burke participaron en los arreglos con la luz verde del presbiteriano Trump y, junto con ellos, estuvieron involucrados – por la nominación de Prevost- otros liberales y/o progresistas.

Los arreglos  – y no únicamente los vinculados con Dolan/Trump- están y se verá el porcentaje de su cumplimiento.

Eso sí, León XIV no la tendrá fácil y su barco navegará, buscando el equilibrio,  entre varias aguas en la fase posbergogliana en la que el Vaticano entró.

Del perfil de León XIV, se desprende que es un políglota y que tiene cualidades para comprender culturas dispares, lo que jugará mucho en el beneficio de su rol.

Pero, a la par, se ve que tiene un déficit en la comprensión geopolítica (algo que no tenía el cardenal Wojtyla cuando se transformó en Juan Pablo II), y, hasta donde pudimos conocer, pediría, por un tiempo más, la asistencia del exsecretario de Estado y contrincante suyo en el Cónclave, Pietro Parolin.

León XIV comienza su protagonismo mundial como el “Papa Americano”, acentuando la retórica de paz mundial y Estados Unidos lo explotará propagandísticamente, aún contra la voluntad de Robert Prevost.


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