Causó conmoción en algunos ámbitos católicos internacionales y un repudio generalizado en la atmósfera de las redes sociales el ataque del ejército israelí contra la iglesia de la Sagrada Familia sita en la Franja de Gaza.
A media mañana del pasado 17 de julio, el templo católico romano, que está ubicado en el área antigua de Gaza, fue bombardeado por un tanque de las FDI produciendo el asesinato de 4 personas e hiriendo a otras 7, incluyendo al párroco argentino, el Padre Gabriel Romanelli.
Repasando brevemente la historia, podemos mencionar que la Iglesia de la Sagrada Familia fue construida para recibir a los católicos que eran expulsado de otras áreas palestinas hacia Gaza y de a poco fue interactuando sin dificultades con las congregaciones de otras denominaciones cristianas en una ciudad donde la comunidad cristiana era mayoritariamente ortodoxa.
Estos vínculos sostenidos durante décadas fueron determinantes para que, cuando Israel lanzó su guerra en octubre de 2023, la Sagrada Familia fue refugio de la grey católica y de otras confesiones cristianas, cuyos miembros buscan seguridad física y amparo alimentario en las instalaciones del templo católico. Esto explica que dos de las mujeres asesinadas sean practicantes de la ortodoxia rumana y que el Padre Romanelli haya dado cobertura a toda persona cristiana sin importarle las amenazas provenientes de Israel.
Corresponde decirlo que este ataque militar deliberado es el segundo cometido por el ejército israelí en los últimos 21 meses porque el primero ocurrió en diciembre de 2023 cuando cuerpos militares israelíes bombardearon las inmediaciones de la parroquia y asesinaron con francotiradores a personas cristianas que estaban en el interior de la iglesia.
Este suceso, probablemente, fue una de las razones que motivó a Francisco comunicarse telefónica y cotidianamente, hasta momentos antes de su muerte, con el Padre Romanelli…para garantizarle de hecho seguridad para él y para la feligresía cristiana.
Esta costumbre no fue seguida por León XIV, quien encomendó a sus asistentes una comunicación mitigada con la comunidad de Gaza y priorizó reunirse, en las oficinas papales, con el comentarista e influyente pro sionista de Ben Shapiro a quien todos los católicos devotos y patriotas estadounidenses designan como anticristiano.
Mayormente, los feligreses cristianos palestinos quieren seguir viviendo en Gaza y no piensan en dejar la ciudad por el dinero emiratí, ni por los halagos de Trump ni por las bombas de Netanyahu.
Por consiguiente, esta comunidad es una molestia para los planes precisos de la geoestrategia israelí y, particularmente, porque está en un todo de acuerdo con la posición del Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, autoridad religiosa que se opone enteramente a las intenciones israelíes de impedir un estado palestino y de expulsar a palestinos y cristianos de Cisjordania y Gaza.
Si había un cardenal, en el cónclave romano de mayo, que la oficina de Netanyahu no quería que fuese elegido como reemplazo de Francisco ese era Pizzaballa.
Este purpurado sigue expresando que los católicos romanos no pueden ser neutrales en la guerra de Gaza y que el cristianismo no será borrado de Jerusalén, de Gaza y de Medio Oriente.
Además, deja en claro que rechaza la idea de un «Gran Israel» geopolítico, siendo, inequívocamente, esta posición de Pizzaballa una de las principales motivaciones de Israel para bombardear -por segunda vez- la Iglesia de la Sagrada Familia.
Como colofón, acentuamos que el tanque de las FDI quiso destruir la Cruz de la Iglesia…pero falló.


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