A riesgo de ser reiterativo, resaltamos que el Foro de Davos no pasa por sus mejores momentos, pese a lo que digan sus simpatizantes y detractores, quienes difunden una narrativa un tanto engañosa sobre la participación real de Davos en el sistema global.
Su fundador, Klaus Schwab, fue removido de la presidencia que ostentaba monopólicamente, desde el comienzo de este grupo crematísticamente minoritario, porque otros integrantes del Foro así lo decidieron, quitándole márgenes de maniobra y autoridad sobre los demás.
Entre los motivos que forjaron el descabezamiento figura la caída del prestigio y la imagen de Schwab, debido en parte por el contexto del Coronavirus y las promociones abiertamente publicitarias de Schwab para reestructurar el mundo y dirigirlo con el algoritmo de Davos, produciendo que, en la década de 2020, sea una las personas más execrables para la mayoría mundial.
Así, Schwab se convirtió, para muchos, en el monstruo, peor que las bestias de la mitología griega, al que hay que encadenar y acabar.
Este sacerdote de lo oscuro, creyó ser un demiurgo de una nueva era que, en la práctica, lo está tragando a él mismo. O sea, se percibió predictor global y termina siendo un objeto triturado por las dinámicas de la magna historia.
Klaus Schwab es objeto de una investigación interna, a cargo del bufete suizo Homburger, sobre manejos ilegales de los recursos financieros, delitos sexuales y conducta inapropiada con el personal de la organización; acusaciones que, obviamente, no nos deben sorprender, pero sí nos obligan a hacer la siguiente declaración: los crímenes más aberrantes de Klaus Schwab deben ser expuestos pública e internacionalmente.
Sabemos que, en estos momentos, también hay en marcha una investigación externa sobre los delitos horribles que mencionamos y, quizá, surjan novedades al respecto en el corto plazo.
El Foro Económico Mundial, creado en 1971, en la, por entonces, selectísima Suiza, no vive su auge, sino que está en su apogeo y, en compañía de Klaus Schwab, será cada vez más repudiado, aún en las élites de las estructuras antiguas y nuevas de poder.
En síntesis, Klaus Schwab concluirá en el ostracismo de los suyos y el Club del Mal languidece, mientras que emergen, en Asia, otros lugares para reemplazar a Davos.


Deja un comentario