A casi dos años de su gobierno, Javier Milei sigue en su momento de mayor crisis sin que las reformas fetiches de hacer de la Argentina una potencia económica hayan conseguido algo en esa dirección. Por el contrario, las disposiciones de cambios estructurales de Milei acopiaron más problemas para el país que otrora supo ser el principal respetado de la América Hispana.
De aquel Argentum, quedan menos vestigios; pero, innegablemente, los suficientes para reclamar, a partir de ellos, una Argentina distinta de la fabricada por el kirchnerismo, el macrismo y el mileísmo. Así, lo que hoy vive la Argentina tiene explicaciones racionales y aún también puede ser comprendida la situación complicada en la que está el gobierno mileísta.
Desde que el guardameta de fútbol frustrado se sentó en el sillón presidencial, no se produjo ninguna inyección inversora extranjera de relevancia que alimente y haga crecer a la economía física.
De manera simultánea, el gobierno y sus aliados empresariales no rescataron ni apalancaron a la economía general y se dedicaron, casi en exclusiva, y confirmando los cálculos certeros previos, que querían influir o determinar la presidencia para sus propios negocios. ¿Y el resto? Que se arreglen como puedan. No es la ley natural de la economía la que rige para los muchos, sino que es la bestialidad de los capitalistas sin nación indivisible, sin estado soberano y sin comunidad histórica.
Ya se dijo otras veces y en todas con razón: los peores capitalistas atienden en lo que muchos llaman Latinoamérica.
Retornemos a Milei. Hemos leído que expertos de buen fuste intelectual plantearon que el “experimento Milei” fue genialmente pensado en EE UU., elaborado con la sofisticación de los eximios “cráneos” anglosajones y puesto a jugar por las mejores correas de los poderes semi-secretos y ocultos del cártel que nadie ve, pero del cual muchos comentan…y lucran.
Por nuestra cuenta, nosotros vemos que tales observadores ven un elefante en una gallina porque las causas del por qué los Milei son los gobernantes políticos actuales son más básicas y locales. Un ejemplo: nos consta que, hasta agosto de 2023, ni los Milei mismos creían que tenían chances reales de ganar la Casa Rosada ya que ni una estructura organizacional propiamente dicha tenían, pese a que tenían el respaldo del multimillonario Eduardo Eurnekián.
Otro dato: la que fuera canciller de Milei y posteriormente expulsada por el mandatario argentino, Diana Mondino, fue, antes que la actual vicepresidenta de la República, Victoria Villarruel, sondeada para ser la compañera de Milei, pero Mondino rechazó el ofrecimiento porque creía que Javier Milei no tenía posibilidades de convertirse en presidente de la nación.
Las cosas comenzaron a cambiar cuando se realizaron las elecciones P.A.S.O (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) y propios y extraños recién lo tomaron en serio. Sin sabiduría política, sin conocimiento de gestión de equipos, sin cordura para gobernar un país y sin un proyecto definidamente técnico y realista, Javier y Karina Milei ocuparon el poder ejecutivo argentino.
Como dijimos al comienzo de la nota, los Milei pasan por un momento difícil debido a todo lo anterior y también a la participación de ambos en el sistema de sobornos (o “coimas” como dicen en la Argentina) para visibilizar contrataciones estatales tales como medicamentos para personas con discapacidad y para el personal de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Seguridad.
El “coimagate” tiene a Karina Milei como la estrella central que recauda para el dúo con una tasa, aparentemente estable, de un 3% para ellos en cada negociado. La esfera judicial está investigando y avanzando sobre esos delitos y la imagen pública de los hermanos Milei se cae, aunque todavía conservan un capital electoral importante frente al kirchnerismo.
Sin este último grupo que juega en la escena política y en el campo mediático como si no fuera uno de los grandes culpables de la destrucción nacional, el mileísmo podría ser cancelado socialmente de manera fugaz. Ya se sabe que los demonios se necesitan mutuamente para destrozar la vida de los demás.


Deja un comentario