La tan esperada cumbre entre Donald Trump y Javier Milei se realizó en un formato de almuerzo de trabajo donde, pasando en limpio, no quedó ninguna novedad sustancial para la Argentina y para el gobierno presidido por el anarco libertario.
Se había generado una burbuja de expectativas exageradísimas en torno a esa reunión donde los miembros, emisarios y propagandistas de Milei habían orquestado un Himalaya de ilusiones; por ejemplo, se dijo que Trump comunicaría el tratado de libre comercio con Argentina, que Bessent anunciaría una dolarización y que la primera plana del gobierno republicano diría que se acabó China para la Argentina en las dimensiones financieras y comerciales.
De verdad que el magín de tantos libertarios y opinantes de otras corrientes políticas de la Argentina está, en estos años, en cimas de la comicidad pocas veces vista en la tierra argentina.
Estas majaderías fueron expuestas como tales en el día de ayer, martes 14 de octubre, cuando Milei abandonó la Casa Blanca sin llevarse ninguna solución práctica, efectiva y resolutoria de parte de Trump. Peor aún, el gobernante de Washington puso los puntos sobre las íes al declarar –para que no queden dudas- que si Milei pierde las próximas elecciones legislativas, No vamos a perder el tiempo, con la Argentina. En buen romance – del idiomático y no del amatorio- Trump no gatilló ninguna ayuda para Milei antes de las elecciones y, una vez que estas se produzcan con resultados adversos para la Casa Rosada, Trump no bajará con ningún faraónico auxilio para Milei.
A comienzos de octubre, nosotros dijimos que Trump no le dará a Milei lo que el referente argentino esperaba en términos de ayuda macroestructurales o, dicho con otras palabras, la gran mano anaranjada. Al respecto puntualizamos:
El Loco le implorará a Trump que le aplique un salvataje integral que ni siquiera su otro Bienamado Bibi (Netanyahu) le podrá dar. Así y todo, Washington le impondrá exigencias de sustentabilidad gubernamental a Milei (cambios en su entorno y apertura a socios políticos externos) y no le dará la bala de plata.
Pues, eso mismo fue lo que sucedió. Trump no le dio a Milei la bala de plata y aunque Trump pidió o exigió el voto del pueblo argentino para Milei, lo verdaderamente real es que no le transfirió ninguna gran ayuda…primero, deberá ganar las elecciones parlamentarias y luego se verá. A la par de todo lo dicho, también hay que agregar que la influencia comicial de Trump en el electorado argentino es mínima. Con esto queremos decir, que el respaldo declaratorio de Trump no cambiará el curso final de las elecciones donde el gobierno de Milei perderá por goleada el principal distrito del país y, por supuesto, tal y como están las cosas, tendrá una derrota elocuente en el orden nacional.
En otra de nuestras opiniones, formuladas el 4 de septiembre, sin una visión ambivalente, verbalizamos: Milei carece, desde su génesis, de la capacidad y las habilidades de estadista y no comprende cómo funcionan las cosas en el sistema mundial…y en su propio país. ¿Puede Milei obtener algo importante de Trump en los próximos seis meses?
Sí, claro que puede. Pero no será de lo más importante. En cualquier caso, Trump buscará su beneficio (aún con la asistencia que pueda darles a los Milei en el ámbito judicial con la estafa de Libra). No hay que confundirse. Trump lo ve a Milei como un verdadero liliputiense.
Tal cual lo trató Trump a Milei, como pequeño, un muñeco sin columna vertebral; pese a eso, hay una orden, emitida desde Washington, para que la embajada norteamericana en Buenos Aires le aporte algunas ruedas de auxilio a Milei (también en lo relacionado con las implicancias de los Milei Brothers en Libra) y aglutine a sus herramientas políticas para que Milei continúe al frente del estado argentino hasta concluir su mandato del 2027.
Los estadounidenses quieren que la figura de reemplazo de Milei provenga de una coalición que sea confrontativa con lo que ellos designan como socialistas.
Lo decimos de otra manera: Trump estará muy ocupado en otros escenarios como para perder su tiempo en la incapacidad evidente para una gobernabilidad conducente de Milei y la Argentina ni siquiera estará entre sus primeras décimas prioridades de Trump en 2026 y 2027.


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