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No, Milei no tiene la mayoría del electorado ni tampoco Trump ganó la confianza del pueblo argentino

4–6 minutos

El pasado 26 de octubre se llevaron a cabo las elecciones legislativas nacionales de la República Argentina donde terminó como vencedora la Libertad Avanza, sello partidario del presidente Javier Milei.

Sobre un total de 35.981.358 de votantes registrados para hacer uso de su derecho cívico, la organización comandada por Milei alcanzó el 40,65 % de los votos emitidos o, un total, de 9.341.798 votos.  La estructura oficialista fue seguida por la kirchnerista y progresistas Fuerza Patria que se llevó para sí el 33, 63% o 7.741.775 votos.

Sin embargo, la abstención electoral fue del 34% o más de 13 millones de votantes, siendo un récord histórico desde el regreso de la democracia en 1983. Si pasamos en limpio, más 25 millones de personas no apoyaron al mileísmo, mientras que más de 27 millones de votantes rechazaron al kirchnerismo y un tercio consolidado de argentinos se negó a votar por cualquier opción electoral.

Por lo que, prístinamente, se evidencia que Javier Milei no tiene la mayoría del electorado detrás de él y que tampoco Donald Trump cuenta con la confianza mayoritaria del pueblo argentino.

No interesa cuanto Milei y sus propagandistas y Trump, junto con sus voceros, digan que la mayoría del pueblo argentino está con Milei y que, a la vez, también se alineó con el inquilino de la Casa Blanca porque la que manda es la realidad y -esto sirva de advertencia para quienes no conocen las dinámicas electorales de las Pampas del Sur-,  ser común que un día alguien gana con relativo apabullamiento, pero, al otro día, es bajado del caballo con humillación.

No obstante ello, Milei ganó un número considerable de escaños (64 diputados y 13 senadores) y tiene mérito en ello. Triunfó en gran parte del país y pudo bajar a tierra, en la dimensión estructural partidaria propia, en toda la geografía. También supo empequeñecer la figura política del expresidente Mauricio Macri y dejar en el desahucio a una liga de gobernadores que se presentaba como los moderados de la tercera vía.

Pero el objetivo más importe que Milei consiguió fue el de mostrarle una victoria electoral -sin crecimiento aritmético apabullante ni poblacional por cierto- a Trump y así obtener del mandamás del Norte el tan prometido salvataje financiero que le garantice una supervivencia política -y financiera- en el 2026.

Durante los próximos 24 meses, la Argentina tiene deuda que deberá pagar por 34 mil millones de dólares a acreedores privados y multilaterales y deberá darle, en la inmediatez, los dólares frescos a los fondos especulativos que están profesional y corporativamente conectados con Scott Bessent -el Secretario del Tesoro norteamericano- y que se introdujeron en la Argentina, entre octubre y noviembre del 2024,  por codicia y que, hasta el momento, no pudieron hacerse en concreto con las ganancias siderales.

En ese contexto, Bessent también actúa por esos intereses para efectuar otro gigantesco préstamo a la Argentina. No en vano, hizo que el Tesoro que él dirige usara mil ochocientos millones de dólares para sostener el valor del peso argentino en las jornadas previas al día de las elecciones.

Aún más, Bessent, en el último día hábil antes de las elecciones, vendió dólares relativamente menos caros a un grupo de empresas para que éstas no compren los dólares a cotizaciones que harían devaluar la moneda argentina con un perjuicio electoral para Milei. El mismo Trump argumentó que ganaron dinero con los resultados de las elecciones legislativas argentinas.

Dijimos que, pese al primer puesto -y meritorio- que Milei había obtenido en las elecciones de medio término, no había sumado exponencial e imbatiblemente más votos para su armado gubernamental y político ya que, realmente, Milei, este domingo 26 de octubre, sacó 1 millón 300 mil votos más que cuando compitió, sin aliados como el macrismo o los gobernadores de la moderación política, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2023, pero, a la vez, registró para sí, en esta ocasión, casi 5 millones de votos menos de los que cosechó en el balotaje del 19 de noviembre de 2023 cuando ganó la presidencia con los aliados del macrismo y de los gobernadores.

Igualmente, Fuerza Patria también perdió alrededor de 4 millones de votos respecto del balotaje de 2023. En cambio, como lo puntualizamos más arriba, el ausentismo creció significativamente -y medido en millones de votantes- entre el 2023 y 2025.

Fue, tal vez, este enorme número de abstencionistas el que comenzó a cambiar, a media mañana del día electoral, los resultados que Fuerza Patria y muchos analistas esperaban: victorias opositoras en la Provincia de Buenos Aires y en el ámbito nacional.

Es inapelable que más del 75% de los argentinos no quieren saber nada con el kirchnerismo y que CFK es sólo la estratega de las derrotas históricas y que su familia es inmensamente repudiada por la población del país. Del mismo modo, los argentinos volvieron a hablar y dijeron que tampoco quieren entenderse con el progresismo. Sin hiperbolizar, el kirchnerismo y el progresismo no tienen futuro en la Argentina.

Las otras expresiones de izquierda tampoco pudieron escalar en demasía y, por ello, unos y otros, hablan, en estos momentos, de que Trump fue determinante para el triunfo de Milei… pero, en verdad, fueron los numerosos argentinos los que le dijeron al kirchnerismo, al progresismo y a la izquierda: STOP.

Y no lo hicieron por una batalla cultural libertaria, sino que fue por el cansancio y el hartazgo que sienten por los kirchneristas, los progresistas y los izquierdistas.

De aquí hasta el 2028, no comenzará otra historia en la Argentina, sino que continuará desarrollándose lo que se generó hace años junto con la aparición de elementos que marcarán la siguiente etapa histórica de Argentina, la cual no estará signada por los liberticidas de Milei ni por los falsarios kirchneristas.


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