Todos los indicadores objetivos enfatizan que el cuadro situacional político y elitista de los Estados Unidos dejó atrás la calma, el consenso unificador y el equilibrio internos e ingresó en una fase aguda de rivalidades, confrontaciones y odios facciosos que coadyuvan en la aceleración de la guerra civil del siglo XXI.
Esto observación también la comparten prominentes analistas y comunicadores del excentro decisor mundial y no hallan soluciones inmediatas para eludir la tempestad que se le avecina. En los diversos ángulos y posicionamientos ideológicos y sociales hay gente que se prepara para participar en una conflagración intestina que, según dicen, decidiría el futuro de todos ellos.
Así, los Antifa y afines se encuentran diseminados en todos los puntos cardinales del país y tienen planes operativos para distintas fases y no pocas células de ellos tienen listas de personas para atacarlas llegado el momento apropiado. En un lugar distinto, la derecha radical también cuenta con unidades que se organizan para el choque pensado y previsto.
Respecto a los organismos de seguridad e inteligencia que están afiliados a los clanes de poder oponentes de Trump, estos diagraman lo suyo y no tienen -por lo que se vio- ninguna intención de abandonar sus ventajas y fortalezas sin ofrecer lucha o sin aplicar el terrorismo.
El Servicio Secreto se mantiene en estado de alerta porque constantemente se encienden las luces de alarma ante ciertos hechos amenazantes o riesgosos. Recientemente, la revista The Atlantic reveló que, tras el crimen de Charlie Kirk, ocurrido el 10 de septiembre, altos funcionarios de Trump se hospedaron en bases militares ante el temor de ser objetivos fáciles de los atacantes.
Por lo menos, seis de esos funcionarios hoy viven entre los muros militares y la referida publicación informa que Marco Rubio y Pete Hegseth viven en el Cuartel General de Fort McNair en el Distrito Militar de Washington. A estos empleados de Trump, se les suma Stephen Miller (subjefe de gabinete de la Casa Blanca) y la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Estas reubicaciones con la consiguiente ampliación de los anillos de seguridad de estos funcionarios de alto perfil hablan a las claras de lo que hay en el horizonte.


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