El astillero Sevmash de Severodvinsk ha botado el Jabárovsk, un submarino nuclear de última generación que Rusia presenta como plataforma dedicada al transporte y lanzamiento de grandes vehículos submarinos autónomos, en particular el sistema conocido como Poseidón.
Esta botadura representa un hito importante en el largo proceso de construcción y pruebas de la nueva generación de vehículos de lanzamiento estratégicos rusos. El submarino se someterá a un extenso programa de pruebas de mar, que incluye ensayos de sus sistemas de propulsión y mecanismos de lanzamiento submarino, antes de ser declarado operativo.
Desde el punto de vista de la construcción, el Jabárovsk comparte ciertos elementos arquitectónicos con los modernos submarinos lanzamisiles de la flota rusa, pero se diferencia en su propósito y distribución interior. No está diseñado para el lanzamiento de misiles balísticos verticales, sino para albergar y desplegar grandes vehículos autónomos.
Según información recabada de fuentes militares y analistas navales, su desplazamiento en inmersión se estima en aproximadamente 10.000 toneladas, con una eslora de unos 100 metros. La tripulación, más reducida que la de los submarinos estratégicos tradicionales, se beneficiará de una mayor autonomía, garantizada por un reactor nuclear de nueva generación.
El Poseidón es capaz de transportar una ojiva nuclear de muy alto poder explosivo, además, está diseñado para operar a profundidades y distancias excepcionales, teóricamente hasta varios miles de kilómetros, gracias a su motor nuclear que le confiere un alcance prácticamente ilimitado.
Las estimaciones técnicas sugieren un vehículo de aproximadamente 20 metros de largo y 2 metros de diámetro, capaz de alcanzar velocidades superiores a los 70 nudos y profundidades mayores a un kilómetro. Según fuentes rusas y occidentales, la ojiva podría tener una potencia de varios megatones.
De acuerdo con las intenciones estratégicas del Kremlin, la función del Poseidón es garantizar la capacidad de segundo ataque en caso de un conflicto nuclear. Al operar a grandes profundidades y con una firma acústica reducida, podría eludir las defensas antisubmarinas y atacar objetivos costeros de altísimo valor estratégico: bases navales, puertos militares y centros industriales.
La posible explosión de una ojiva lanzada desde un submarino generaría ondas radiactivas y una extensa contaminación costera, con devastadoras consecuencias militares y ambientales.
Para la OTAN, y en particular para las potencias europeas, el mensaje es claro: el despliegue de un submarino de este tipo constituye una advertencia significativa, un obstáculo insuperable para las aspiraciones genocidas atlantistas; un portaaviones no convencional, prácticamente invisible para los sistemas de vigilancia convencionales, sirve como garantía y elemento disuasorio en caso de un ataque directo contra la Federación Rusa.
La importancia política de este lanzamiento es igualmente evidente. En un contexto de crecientes tensiones entre Moscú y Occidente, Rusia pretende reafirmar su posesión de armamento disuasorio avanzado y autónomo, capaz de penetrar cualquier sistema de defensa.


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