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Irán en la órbita de las instituciones globales emergentes

8–12 minutos

En la gran traducción del día les traemos varias cosas, primero, un artículo de Fatemeh Kavand en el Tehran Times, y de seguido irá una breve nota editorial en el mismo medio.

El creciente compromiso de Irán con organizaciones como la Organización de Cooperación de Shanghái, el BRICS y la Unión Económica Euroasiática refleja un gradual reajuste de su política exterior.

Este enfoque busca mitigar la presión externa, ampliar los horizontes económicos y posicionar a Teherán como un actor relevante en un orden mundial cada vez más configurado fuera de Occidente.

En el verano de 2025, durante la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del BRICS en Brasil, la presencia de Irán fue más que ceremonial. Fue la primera vez que Teherán participó como miembro de pleno derecho tras su adhesión oficial, lo que supuso una clara intención de ir más allá de la alineación simbólica y avanzar hacia una cooperación tangible. Los representantes iraníes hicieron hincapié en prioridades como la coordinación financiera, la inversión en infraestructuras y el comercio Sur-Sur, temas que encuentran eco en muchos miembros del BRICS que buscan alternativas a los sistemas dominados por Occidente.

Al mismo tiempo, se desarrolló una actividad diplomática paralela en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái. Las reuniones centradas en la facilitación del comercio, la coordinación aduanera y los corredores de tránsito subrayaron el esfuerzo de Irán por traducir su pertenencia política en resultados económicos prácticos. Estas discusiones siguen siendo relevantes, con negociaciones de seguimiento en curso y un impacto potencial que se espera que se materialice durante el próximo año.

La Organización de Cooperación de Shanghái más allá de la seguridad

Concebida originalmente como un organismo centrado en la seguridad que abordaba el extremismo y la estabilidad regional, la Organización de Cooperación de Shanghái ha experimentado una notable transformación. La cooperación económica, la conectividad y la colaboración energética ocupan ahora un lugar central en su agenda. Para Irán, esta evolución presenta oportunidades estratégicas arraigadas tanto en la geografía como en la diplomacia.

Situado en la intersección de Asia Central, el Cáucaso, el Golfo Pérsico y Asia Meridional, Irán tiene una ventaja natural como centro de tránsito. Los funcionarios iraníes han destacado repetidamente la integración del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur con los proyectos de infraestructura relacionados con la OCS como una prioridad. Dicha integración podría reducir los costos de transporte, acortar los plazos de entrega y fortalecer el papel de Irán en las cadenas de suministro regionales.

Los datos comerciales de los últimos años indican un aumento constante de los intercambios comerciales de Irán con los miembros de la OCS, en particular con China, Rusia y los Estados de Asia Central. Si bien persisten los retos relacionados con las sanciones y las transferencias financieras, el marco de la OCS ha funcionado cada vez más como una plataforma para la cooperación pragmática, permitiendo a los miembros explorar mecanismos de pago no tradicionales y acuerdos financieros localizados.

El BRICS y la búsqueda de alternativas financieras

El BRICS representa uno de los esfuerzos más visibles de las economías emergentes por remodelar la gobernanza económica mundial. Su expansión para incluir a actores de Asia Occidental ha aumentado su relevancia geopolítica, y la adhesión de Irán encaja en este patrón más amplio. Para Teherán, la pertenencia al BRICS no es solo una cuestión de prestigio, sino que está estrechamente relacionada con sus ambiciones de larga data de reducir la vulnerabilidad al apalancamiento financiero occidental.

Un punto central es el Nuevo Banco de Desarrollo, creado para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo en los Estados miembros. Los responsables políticos iraníes consideran que el acceso a esta institución es un canal potencial para financiar proyectos a gran escala en los sectores de la energía, el transporte y la industria. Sin embargo, para hacer realidad esta visión es necesario superar barreras técnicas, armonizar las normas reglamentarias y sortear las sensibilidades políticas entre los miembros.

Otra área de interés es el cambio gradual hacia el uso de monedas locales en las liquidaciones comerciales. Varios países del BRICS ya han experimentado con estos mecanismos, e Irán ha manifestado su disposición a participar. Si bien este enfoque no elimina la exposición a los riesgos financieros globales, representa un paso hacia la diversificación y una mayor autonomía en el comercio internacional.

La Unión Económica Euroasiática y la lógica comercial regional

En comparación con los BRICS y la OCS, la Unión Económica Euroasiática suele recibir menos atención de los medios de comunicación, pero sus implicaciones económicas para Irán son posiblemente más inmediatas. El acuerdo de libre comercio entre Irán y la Unión, cuya plena aplicación está prevista para el año en curso, tiene por objeto reducir significativamente los aranceles sobre cientos de productos de sectores que van desde la agricultura hasta la industria manufacturera.

Para la economía iraní, que da cada vez más prioridad a los mercados regionales debido a la eficiencia logística y los menores costes de transacción, Eurasia ofrece una vía práctica para el crecimiento de las exportaciones. Países como Rusia, Kazajistán y Armenia se han convertido en importantes socios comerciales, y las exportaciones iraníes no petroleras muestran un crecimiento apreciable en las estadísticas aduaneras recientes.

Igualmente importante es la participación gradual del sector privado iraní. Las asociaciones empresariales y las empresas orientadas a la exportación han comenzado a adaptarse a las normas del mercado euroasiático, lo que indica un cambio del comercio centrado en el Estado hacia una participación comercial más amplia. Esta tendencia, si se mantiene, podría contribuir a afianzar la integración económica regional de Irán más allá de los acuerdos gubernamentales.

Los hilos conductores

En los tres marcos —Shanghái, BRICS y Eurasia— destacan dos temas recurrentes: las infraestructuras y la energía. Las amplias reservas energéticas de Irán y su ubicación a lo largo de rutas de tránsito clave lo sitúan en una posición potencialmente ventajosa. Los proyectos conjuntos en materia de petróleo, gas, intercambio de electricidad y energías renovables han ocupado un lugar destacado en las discusiones bilaterales y multilaterales.

El desarrollo de infraestructuras, en particular de ferrocarriles, puertos y centros logísticos, está estrechamente vinculado a estas ambiciones. Las inversiones en puertos a lo largo del Golfo Pérsico y en conexiones ferroviarias con Asia Central y el Cáucaso tienen por objeto complementar iniciativas regionales más amplias. Aunque la financiación y la ejecución siguen siendo un reto, estos proyectos reflejan una estrategia a largo plazo para integrar a Irán en las redes económicas regionales.

A pesar de las oportunidades asociadas a las instituciones regionales, la participación de Irán se ve limitada por retos estructurales y operativos. Las deficiencias de la infraestructura bancaria, el acceso limitado a los sistemas financieros internacionales y las incoherencias normativas siguen obstaculizando la expansión del comercio. Los expertos señalan con frecuencia la necesidad de coordinación institucional y coherencia política para maximizar los beneficios de la pertenencia a organismos multilaterales.

Además, la dinámica interna de estas organizaciones puede complicar la toma de decisiones. Los intereses nacionales contrapuestos, las rivalidades geopolíticas y los diferentes niveles de desarrollo económico de los miembros suelen ralentizar el progreso. Por lo tanto, Irán debe equilibrar la ambición con el realismo, reconociendo que las plataformas multilaterales son foros de negociación y no soluciones garantizadas.

Un tema recurrente en las evaluaciones de la estrategia regional de Irán es el vínculo entre la reforma interna y el éxito externo. La pertenencia a organizaciones internacionales por sí sola no puede generar beneficios económicos sin mejoras paralelas en el país. El aumento de la transparencia, la racionalización de los procedimientos aduaneros y la mejora del entorno empresarial en general se consideran requisitos previos para una integración regional eficaz.

Los responsables políticos han reconocido esta conexión y han hecho hincapié en que las iniciativas de política exterior deben ir acompañadas de ajustes internos. El grado en que se materialicen estas reformas determinará en gran medida si los compromisos multilaterales de Irán producen dividendos económicos duraderos o siguen sin aprovecharse plenamente.

En conjunto, la participación activa de Irán en las instituciones globales y regionales emergentes apunta a un reajuste estratégico más amplio. En lugar de depender de un grupo reducido de socios, Teherán busca diversificar sus relaciones externas y reducir su exposición a la presión unilateral. Este enfoque se alinea con la aparición gradual de un sistema internacional multipolar, en el que el poder y la influencia están más ampliamente distribuidos.

Aunque el resultado final de esta estrategia sigue siendo incierto, ofrece a Irán la oportunidad de redefinir su papel más allá de los binarios tradicionales. Si se gestiona con coherencia, pragmatismo y apoyo interno, la participación en organizaciones como la OCS, el BRICS y la Unión Económica Euroasiática podría ayudar a afianzar a Irán en la arquitectura en evolución de la cooperación mundial, una arquitectura aún en constante cambio, pero cada vez más configurada por actores ajenos al núcleo occidental establecido.

Expertos rusos Teherán y Moscú están construyendo un bloque estratégico informal.

Un experto en política exterior rusa ha sugerido que Irán y Rusia están avanzando hacia la formación de un bloque estratégico informal, y que Teherán espera un apoyo más activo de sus aliados, incluido Moscú.

Anton Mardasov, en declaraciones al periódico Izvestia, describió la creciente cercanía entre Moscú y Teherán como parte de un proceso más amplio hacia un nuevo orden mundial multipolar, al tiempo que señaló que los dos países tienen algunas diferencias en sus visiones de su estructura. Al comentar las recientes conversaciones entre el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, Mardasov afirmó que la cooperación pragmática permite a las dos naciones alinearse en cuestiones estratégicas y económicas clave.

Destacó que dicho bloque es especialmente importante para reconstruir la logística y ampliar las relaciones económicas, sobre todo teniendo en cuenta que ambos países siguen enfrentándose a sanciones occidentales y medidas unilaterales. Señaló que, en el contexto actual, las consideraciones económicas han ido ganando prioridad sobre las interacciones puramente técnico-militares.

Mardasov también señaló que Rusia puede desempeñar un papel importante no solo en el apoyo a Irán en las Naciones Unidas, sino también en el avance de las iniciativas de seguridad regional de Teherán.

Los comentarios se produjeron tras la visita oficial de Araghchi a Moscú el 16 de diciembre de 2025, donde se reunió con Lavrov para mantener conversaciones bilaterales. En una rueda de prensa conjunta, Araghchi afirmó que las conversaciones abarcaron cuestiones regionales como el Cáucaso Meridional, Afganistán, Ucrania, así como Palestina y los crímenes cometidos allí por el régimen israelí. Los ministros también mantuvieron amplias consultas sobre el programa nuclear de Irán y otros asuntos regionales.

Araghchi destacó que el comercio bilateral entre los dos países ha ido en aumento y que se están explorando nuevas oportunidades de expansión. Anunció que la próxima reunión de la Comisión Económica Conjunta Irán-Rusia, en la que participan 17 grupos de trabajo especializados, está prevista para febrero de 2026.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní también subrayó que Irán y Rusia comparten perspectivas comunes en la lucha contra las sanciones y las medidas unilaterales, y mantienen una estrecha coordinación dentro de las organizaciones internacionales y regionales.

Lavrov, en la misma rueda de prensa, anunció un aumento del 15 % en el comercio entre Rusia e Irán durante los primeros diez meses de 2025. Destacó el compromiso de Moscú de mejorar la cooperación para garantizar la seguridad de la región periférica compartida por ambos países y afirmó que ambas naciones han acordado unir a los miembros de la comunidad internacional que se oponen a las sanciones occidentales. Añadió que continuarán los esfuerzos para mitigar el impacto económico negativo de las sanciones ilegales.

En cuanto a la cuestión nuclear, Lavrov declaró que Moscú y Teherán pretenden normalizar la situación en torno al programa nuclear de Irán por medios políticos y diplomáticos, trabajando para evitar que se produzcan escenarios destructivos.


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