Tucker Carlson narra su experiencia en Israel

5–8 minutos

Tucker Carlson confrontó al embajador de EE.UU. en Israel, el pastor bautista Michael Dale Huckabee, en el aeropuerto internacional Ben Gurion.

Es pertinente destacar que este reportaje se realizó en el área diplomática que tiene las instalaciones de este aeropuerto porque el Estado de Israel no le permitió a Tucker Carlson el ingreso al país y toda la entrevista de más de horas y cuarenta minutos fue grabada en un cuarto, cuyas condiciones de infraestructura el presentador estadounidense deploró.

Según lo informó Carlson, cuando el reportaje finalizó, agentes de seguridad habrían hostigado de distintas maneras tanto a él como a su equipo de producción, reteniéndoles, por un tiempo corto, los pasaportes y sin que la representación diplomática estadounidense haya intervenido para brindarles garantías de seguridad y protección de sus derechos de ciudadanía.

Es más, el comunicador sostuvo que la embajada de su país actuó inapropiadamente antes de que Carlson y su equipo de trabajo hayan llegado al mencionado aeropuerto.

Al principio de su pódcast, Tucker Carlson reveló que viajó a Israel en un avión privado y envío previamente toda la información de su vuelo a la embajada y a gente del gobierno estadounidense para que,

se la pasen al ejército israelí para que no nos confundan con un dron iraní o algo así. No es por ser paranoico, pero, repito, este es, probablemente, el país más violento del mundo, Israel. ¿Hay algún país en el mundo con un mayor porcentaje de población que haya portado un arma o disparado a alguien?

Quiero decir, no sé la respuesta, pero este es un país famoso por librar una guerra de siete frentes con todos sus vecinos, ya sabe, así que este también es el país que bombardeó el USS Liberty, sabiendo, lo sabemos por las intercepciones de la NSA, que era un barco estadounidense.

Así que no, ya sabes, simplemente envíen a los militares nuestra información de vuelo y, ya sabes, todos podemos saber que está registrada y podemos calmarnos un poco.

La casa diplomática dirigida por Huckabee se habría negado a pasar dicha información al ejército israelí.

Lo interesante es que nunca supe de Huckabee ni de nadie más de la embajada de Estados Unidos, hasta este momento, sobre lo que la seguridad les hizo a mis productores. No nos preguntaron. Y, en cambio, Huckabee salió y me llamó mentiroso. Así que surge de nuevo la pregunta, ¿para quién trabaja exactamente Huckabee? Somos ciudadanos estadounidenses en un país extranjero. Él es nuestro embajador. Representa a nuestro país. Le pagamos el salario, pero se pone del lado del gobierno extranjero sin siquiera llamar para preguntar: Oye, ¿qué te pasó en el aeropuerto? ¿Te molestaron? ¿Tus hombres fueron molestados? No. Simplemente repite sus mentiras de inmediato sin siquiera consultarnos. Entonces, ¿qué estamos viendo aquí?. Estamos viendo la realidad: si eres estadounidense en Israel, puedes estar seguro de que tu gobierno se pondrá del lado del gobierno israelí y no del tuyo. ¿Y es realmente tan diferente de la experiencia de los estadounidenses en Estados Unidos? ¿Puedes estar seguro de que tu gobierno se pondrá de tu lado antes que del israelí?

No, claro que no. Siempre se pondrán del lado del gobierno israelí antes que del tuyo. Y ese es el problema central. Sigues teniendo la expectativa razonable de que tu gobierno porque es tuyo, lo pagas, existe para servirte y por ninguna otra razón, te pondrá de tu lado contra un gobierno extranjero. Pero la realidad cotidiana, la verdad obvia, visible para todos los estadounidenses, es lo contrario de la realidad. De hecho, si criticas a Israel, en tu país, tu gobierno se esforzará por censurarte. Si hay un impasse entre tú y Bibi, sabes de qué lado se pondrá tu gobierno: del lado de Bibi. Eso no es sostenible. Es demasiado humillante. Es una clara inversión del orden natural. Tu gobierno existe para ti, no para un gobierno extranjero. Pero así no es como vivimos en este país ni en Israel. Eso es lo que aprendimos. Y una última cosa: aparentemente, los israelíes, probablemente, con la ayuda de Mike Huckabee, revisaron la cinta de vigilancia dentro de la terminal diplomática y sacaron un video, por supuesto, usando a todos sus bots para promocionarlo, donde aparezco yo abrazando a alguien y demostrando que, en realidad, miento sobre lo sucedido.

Al momento en que Tucker Carlson arribara al aeropuerto Ben Gurion, la atmósfera israelí relacionada con él estaba signada por una campaña oficial y semi oficial de desprestigio de la persona de Carlson bajo la acusación de antisemita nazi, cargo que Tucker rechazó.

También Tucker informó que intentó varias veces reunirse en persona con Benjamín Netanyahu, pero que esta iniciativa no prosperó debido al cerrazón del lado israelí.

Al respecto, Carlson señala:

simplemente quería reunirme con él en persona. Primero, para demostrarle que estoy dispuesto a ir a Israel. No odio a Israel como país. Segundo, para decirle directamente: Esto es malo. Debería calmarse. Este tipo de retórica no ayuda a nadie. Me llaman específicamente nazi y antisemita cuando sabes que no lo soy. Y, por cierto, si lo fuera, lo admitiría. He dicho muchas veces que creo que el antisemitismo es inmoral. Va contra mi religión, así como lo es odiar a cualquier grupo por su ascendencia.

Insistí mucho en esta reunión y llamé a mucha gente que lo conoce y que está en contacto regular con él. De hecho, fui a ver a algunas de esas personas directamente. ¿Podrían ayudarme a conseguir una entrevista de cinco minutos con Benjamin Netanyahu? Y, probablemente, llamé o me reuní con seis, siete, ocho, o quizás más personas para tratar este tema. Personas con cargos oficiales, gente del gobierno israelí. Conozco a varias personas en el gobierno israelí, gente en Israel, un amigo mío en California que lo conoce. Lo intenté muchísimo.

Y lo hice por dos razones. Una, porque había una amenaza para mi familia. El gobierno israelí y el propio Netanyahu intentaron castigar a dos miembros de mi familia. No seré más específico, pero de hecho castigaron a dos miembros de mi familia porque él, como ha dicho públicamente muchas veces, cree en la culpa de sangre. Cuando alguien comete un delito contra ti, no solo lo castigas a él, sino a su familia, a su linaje. No hay idea de que eso sea menos occidental que eso, más anticristiano que eso. Los cristianos lo rechazan. Netanyahu no. Por eso habla de Amalec. Y estaba persiguiendo a mi familia, literalmente. Así que me sentí muy amenazado por eso.

Pero, además, creo que es malo para mi país que la gente use ese tipo de lenguaje. Acorralenlo, llévenlo a los campos, a las cámaras de gas, a los nazis, al antisemitismo. Aterroriza a la gente. Vuelve loca e histérica. Y, desde luego, en mi caso, nada de eso es cierto. Odio el castigo colectivo. Odio atacar a la gente por su ascendencia. Odio el antisemitismo, el racismo antiblanco y todo eso, o cualquier tipo de racismo, punto. Y lo he dicho muchas veces.

Después de estas declaraciones, confesiones y acciones de Tucker Carlson, muchos intérpretes del proceso se preguntan respecto de hasta dónde llegará Tucker Carlson en su posicionamiento de que el poder estadounidense deberá responder exclusivamente a los intereses de los Estados Unidos y de que haya una paz continua en Medio Oriente con la subsistencia física y legal de los cristianos.

Hace, precisamente, 10 años, era impensable que Tucker Carlson haga lo que hoy está haciendo, echando por tierra así los juicios apriorísticos y las estigmatizaciones sectarias de quienes sólo ven el mundo con un solo ojo.


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