Tucker Carlson volvió a alzar la voz para tratar de aportar lo que, en la práctica, sería mucho más que un granito de arena.
Es archisabido que el comunicador es respetado por el presidente 47° y ha sido un consejero destacable en precisos asuntos traumáticos o de difícil solución. Trump, a pesar de no compartir algunos criterios con su amigo Tucker, lo mantiene cerca suyo, desoyendo las exigencias que emanan de otras fuentes de influencia para apartarlo de la cercanía presidencial.
Entre esos nodos están los factores que propugnan un enfrentamiento, sin escala y sin intermediarios, entre los Estados Unidos y la República Islámica de Irán bajo pretextos que Tucker Carlson deplora como “engaños”.
Son pocas las personalidades de la prensa occidental que pueden mostrarse ante los demás como eximios conocedores de los entresijos de poder. Una de ellas, es Tucker Carlson y cuando habla enfáticamente lo hace porque conoce muy de cerca la cuestión.
Él cree que a Trump le están presionando para que, en Medio Oriente, se introduzca en un pantano militar del que le costará salir rápido y ganancioso. Y esto sería un pésimo negocio, en general, para los Estados Unidos y, en particular, para quien quiere imprimir su nombre en la historia mundial como un pacificador.
Un simple vistazo por el pasado empresarial de Trump, nos da la pauta de que él, casi siempre, sintió poco agrado por el sistema rector iraní. Nunca sintió simpatía hacia Jomeneí y Jameneí.
No se lo puede culpar por eso porque no es un delito per se.
Pero si Trump llegara a dar un paso en falso e irreparable contra Irán, ahí sí se podrá decir, imbuidos de una razón ecuánime, que cometió un gran error. Porque, en la opinión de Tucker Carlson “…un ataque a las instalaciones nucleares iraníes casi con certeza resultará en miles de muertes estadounidenses en bases de todo Oriente Medio y le costará a Estados Unidos decenas de miles de millones de dólares.
El costo de futuros actos de terrorismo en suelo estadounidense podría ser aún mayor. Estas no son conjeturas. Son estimaciones del propio Pentágono.
Una campaña de bombardeos contra Irán desencadenará una guerra, y será la guerra de Estados Unidos. No dejen que los propagandistas les engañen”.
En febrero, menos de 48 horas después de que Donald Trump hablara, al lado de Benjamin Netanyahu, sobre el tan comentado desplazamiento gazatí de la Franja, Tucker Carlson entró a la residencia del mandatario estadounidense y diálogo con él.
Según se supo, la conversación fue provechosa -no podía ser de otra manera- y se habrían acordado algunos puntos de acción que hacen a la plataforma nacional e internacional que Trump lidera. Donald y Tucker hablan entre sí más de lo que él común de los informadores afirman.
Está comprobado que Tucker Carlson tiene una influencia sobre Trump, pero que la misma no tiene una naturaleza tramposa ni tampoco usa una vía de deslealtad hacia Trump.
En esto confían muchos votantes que son partidarios de evitar las guerras internacionales de EE.UU. como así también los promotores del neoaislacionismo que comenzaron a ocupar puestos en la estructura de gobierno.
Ellos no quieren la guerra contra Irán y le recuerdan a Trump que hay otras formas de trabajar por los objetivos propuestos.


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