A pesar del histórico resultado de AfD en los comicios alemanes celebrados ayer domingo, los democristianos de derecha harán una coalición con socialistas para que la formación patriótica no toque poder.
El bloque conservador formado por la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana (CDU/CSU) ha alcanzado la victoria en las elecciones, una amarga victoria ya que se verán obligados a pactar al no haber obtenido los votos suficientes para formar gobierno.
Y aquí empieza el problema. Los partidos sistémicos ya venían anunciando desde hace semanas que impondrían el cordón sanitario a AfD con la finalidad de que la formación de extrema derecha no tenga participación en ningún gobierno. Esto lleva al partido de Friedrich Merz a un callejón sin salida, y se verán por tanto obligados a firmar un acuerdo con todos los que se sitúan a su izquierda, contemplando la posibilidad de un Gobierno a tres o incluso a cuatro.
Socialistas, verdes y liberales han sido severamente castigados por los alemanes. El voto joven ha pesado enormemente y ha inclinado la balanza hacia la extrema derecha, ya que AfD ha gestionado muy bien su campaña en redes sociales.

Friedrich Merz tendrá que explicar cómo va a formar gobierno con izquierdistas totalmente alejados de los postulados de sus votantes, lo que es seguro es que requerirá unos equilibrios que serán difícilmente sostenibles en el tiempo.
La extrema derecha identitaria ha duplicado su resultado con respecto a las pasadas elecciones, rondando el 20%, así lo ha afirmado su líder, Alice Weidel, en la rueda de prensa posterior a la votación, enfatizando que su partido nunca ha sido tan fuerte, seguidamente se ofreció a formar parte de un Gobierno de coalición, proposición que ha caído en saco roto, la tibia derecha del bloque conservador ya venía anunciando que no tenía ni la más mínima intención de acometer ese pacto.
La nueva línea de la división política comienza a situarse a la derecha de los partidos identitarios, queda palmariamente demostrado que el juego político que venía desarrollándose los últimos 40 años, no era más que una comedia representada por unos actores políticos que obedecían intereses totalmente alejados de sus votantes, pero la función debe continuar.


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