Un grupo de influencers conservadores quedó expuesto al publicitar una desclasificación de los archivos de Jeffrey Epstein que no fue tal.
Fue el jueves 27 de febrero cuando estos personajes de las redes sociales acudieron a la Casa Blanca para recibir una carpeta con los supuestos documentos ocultos de Epstein. Desde la misma residencia presidencial se mostraron eufóricos por tener, entre sus manos, esa carpeta.
Minutos más tarde, la Fiscal General, Pam Bondi, declaraba que, en breve, se pondría en línea todo el repositorio documental del caso del traficante sexual que trabajó, durante años, para un servicio de inteligencia no occidental, en las altas esferas del poder internacional.
Un público ávido de conocer la verdad y sediento de justicia celebraba lo que se prometía. Pero la desazón llegó antes de que finalizará ese día jueves.
Porque el material que se publicó en línea no era lo que se había declarado por los influencers y por la Fiscal General.
Por ello, las críticas llovieron incesantemente; las acusaciones de engaño deliberado se impusieron, inmediatamente, en las conversaciones en la profundidad de MAGA y el algoritmo de X fue perforado por los activistas y los votantes de Donald Trump que exigían que se hiciera realidad la desclasificación de la totalidad de los archivos oficiales.
El bombazo terminó siendo la protesta masiva de los partidarios de Trump frente al espectáculo que se había montado, quedando la Fiscal General en el centro de los cuestionamientos. Desde entonces, se sigue pidiendo la destitución de Pam Bondi.
Por su parte, la funcionaria de justicia expresa que le dieron unos archivos que no eran los que ella había pedido. O sea, en su defensa, dijo que fue engañada. Algunos le creen y otros, directamente, indican que Bondi sería una cómplice del encubrimiento. El tiempo, indudablemente, será un juez impiadoso.
Igualmente, no lograron persuadir ni calmar los ánimos las declaraciones del Director del FBI, Kash Patel, ni el despido de los funcionarios de la oficina de New York de esa agencia a quienes se les señaló como causantes del archivo incompleto.
Censura que fue, mediáticamente relegada, al día siguiente, por la discusión que sucedió en el Salón Oval entre Trump y Zelensky.
Censura que, no cabe la menor duda, preserva al actor para el que trabajaba Epstein y a las figuras de trascendencia mundial que están involucradas en los delitos sexuales aberrantes y en otras operaciones de las cloacas de los aparatos de inteligencia.
Fuentes bien informada aseguran que los archivos reales y completos de Epstein ni siquiera los tiene el FBI y los documentos oficiales deben de estar, probablemente, manipulados en algunas de sus secciones.
Los funcionarios encargados tendrán que darle respuestas y sugerir acciones convincentes a Trump. Y este mandatario, a quien Jeffrey Epstein desdeñaba, deberá responder ante su electorado.


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