La monarquía británica tiene una disminución de su naturaleza y peso como fuerza global por más que se iteren periódicamente construcciones discursivas que tenderían a demostrar lo contrario de esta realidad que es plenamente observable.
Ciertamente, la Familia Real tuvo otros aprietos en el pasado, pero ninguno escaló a las actuales dimensiones y cuyos factores primordiales consistentes en la pérdida de autoridad y un aumento evidente del desapoderamiento tienen también un encuadre de desintegración interna.
Descomposición interna que es acompañada de un desacoplamiento gradual en el plano geopolítico mundial.
Las implicaciones judiciales del expríncipe Andrés (que, en estos días, tiene la furia del próximo rey, el Príncipe William), en las actividades criminales de Jeffrey Esptein, muestran, sólo parcialmente, que la reina de los mares es la reina madre de la amoralidad y la perversidad.
Hace unos años, y cuando languidecía la vida de la reina Isabel II, se habría acordado, con ella presente, dada la inexorabilidad de la exposición pública mundial de sólo una parte de las acciones de la red pederasta que, operativa e internacionalmente, comandaba Epstein, que Andrew Mountbatten-Windsor debía ser defenestrado de su condición nobiliaria de tal forma se restaure marketineramente la reputación de impecabilidad y honorabilidad de la Familia Real.
Resulta absurdo pensar y decir que la reina Isabel II no tuvo un conocimiento verdadero de las acciones de su hijo con Jefrrey Epstein antes de que estallara el caso. Lo sabía y, presuntamente, lo protegía hasta que la bola blanca se convirtió en una bola negra y la cabeza de Andrés se ofrecía para algunas bandejas. Todavía así, alguna palanca influyente se empeña para evitar que el exduque de York termine en una prisión y muera en ella…siguiendo el ejemplo de su amigo y socio Jeffrey Epstein. Seguramente, vendrán días de infortunios para Andrés, pese a una mano amiga o familiar que persiste en sacarlo de la situación.
Un sondeo de enero, realizado por YouGov, entre los ciudadanos británicos, estableció que: El 90% del público tiene una opinión desfavorable del expríncipe Andrés y que tan sólo el 3% lo veía positivamente.
En ese relevamiento, el 58% valoraba que la Familia Real reaccionó lentamente a los archivos Epstein y la participación de Andrés en ellos.
Otra encuesta, esta de comienzos de febrero, precisó que el 82% de los encuestados dijo que el Rey Carlos debía alentar a que su hermano vaya a declarar ante las autoridades estadounidenses y un grupo de diputados británicos solicitó que se permitieran un cambio de la normativa para se pudiese criticar libremente a la Familia Real.
El legislador laborista Richard Burgon peticiona por una investigación independiente sobre lo que la familia real sabía sobre sus vínculos con Epstein y sugirió sobre una tentativa para abolir la monarquía en consonancia con el aumento de la percepción, entre el pueblo británico, de la poca o nula importancia que representaría la monarquía (superior al 30%) y, por supuesto, con la progresión numérica de los partidarios del abolicionismo que pasó, hoy en día, la tasa del 15% con una participación aumentativa de las generaciones más jóvenes que miran con desagrado y, por igual, tanto a la familia real como a la monarquía.


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