Francia, Reino Unido y Alemania están formando una belicista entente de países en contra de Rusia, lo grave de la situación, es que ya ninguno de los tres oculta esta situación, y aunque Putin da pasos hacia la paz, proponiendo conversaciones sin condiciones previas, la triple entente que mueve los hilos del títere Zelensky promueve abiertamente el conflicto.
Ahora vamos entendiendo porqué Donald Trump excluía sistemáticamente a la Unión Europea a la hora de participar en las conversaciones iniciadas el mes pasado en Arabia Saudí, y es que el Presidente Norteamericano conoce muy bien el pelaje de los falsarios líderes que controlan los tres países más importantes de Europa.
Como advertimos en nuestro artículo de ayer lunes, el trio de la guerra compuesto por Macrón, Starmer y Metz, se había desplazado durante el fin de semana a Kiev con el fin de apoyar a Zelensky, en lo que suponía un completo afán de provocación a Rusia al hacerlo en el día de su fiesta nacional.
Europa, encabezada por esta triple entente, ya ha lanzado un ultimátum al Presidente Putin, y si no se produce un alto el fuego en 12 horas, nuevas sanciones se pondrán sobre la mesa. Por su parte el mandatario ruso ha jugado sus cartas de forma muy hábil y ha propuesto continuar las negociaciones de paz el 15 de mayo, ya que estas fueron interrumpidas en su día por Ucrania.
Europa tiene una decidida voluntad de hacer sentir su parecer, pero aquí entrarían en juego otros factores, y muchos analistas se muestran escépticos con respecto a su capacidad de presión. Según la famosa ecuación de Von Clausewitz la victoria es directamente proporcional a tres cosas, los recursos, la estrategia y la voluntad de victoria.
Europa carece de recursos, además de su capacidad para imprimir billetes, poco más puede ofrecer, ni siquiera tiene munición almacenada para mucho tiempo; la estrategia brilla por su ausencia, carente tanto de una figura que lidere como de un plan, y cada país establece sus propias directrices; y en cuanto al tercer punto, la voluntad de victoria, no se palpa en las calles europeas un ardor guerrero capaz de formar un ejército que fuera a batirse el cobre contra los rusos en los campos de batalla.
Así pues, a Europa no le queda otra que jugar de farol, un farol que ya ha sido descubierto por el gran jugador de esta partida, el Presidente Ruso.


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