Como era de esperar después de las fuertes presiones que se venían ejerciendo desde Bruselas, el candidato oficialista rumano Nicusor Dan ha ganado la segunda vuelta de las elecciones, que se celebraron el domingo en Rumanía con unos apoyos cercanos al 55 %.
Nicusor Dan obtuvo 5.140.343 votos, de los cuales 111.876 fueron provenientes del extranjero, mientras que George Simion, el candidato patriota, quedó con un resultado final de 4.373.057, siendo 141.142 del extranjero.
La tensión no cesó durante toda la jornada, ya que, tras conocer los sondeos a pie de urna, Simion aseguró que había conseguido una contundente victoria con más de 400.000 votos de ventaja sobre el derechista Dan, añadiendo que se había comenzado a formar gobierno a espaldas del pueblo rumano, y según Simion, no iban a permitir esto bajo ninguna circunstancia.
En primera vuelta de los comicios, George Simion fue el candidato más votado con un 40%. Por su lado Dan obtuvo apenas un 21% del escrutinio de los votos.
Así pues, queda meridianamente claro que Dan se benefició de los apoyos de los votantes de las formaciones oficialistas, todas unidas en contra del Simion, una táctica utilizada muy recurrentemente desde Bruselas para evitar la victoria de los identitarios.
Como prueba de ello, cabe recordar que estas elecciones tuvieron que repetirse ya que la victoria de Calin Georgescu, predecesor de Simion, fue anulada por los tribunales rumanos bajo la funesta acusación de injerencia extranjera, algo que de momento no ha sido demostrado.
En paralelo a todo lo apuntado anteriormente, convendría señalar una importante reseña: la OTAN está construyendo la que va a ser su mayor base aérea en territorio rumano, y un candidato patriota que se oponía frontalmente a esta intromisión, debía ser apartado a cualquier precio.
En este contexto se antoja muy complicado ganar unas elecciones, y el digno candidato que representaba a los patriotas contra los intereses de los globalistas tuvo que enfrentar calumniosas difamaciones y juego sucio de todo tipo, incluida la amenaza de unos tribunales totalmente corrompidos al servicio de los burócratas de Bruselas, que una vez más, se han salido con la suya, aunque por poco tiempo, ya que cada vez son más numerosas las voces que se alzan en Europa contra esta nueva tiranía.


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