Los antiguos neoliberales de las élites latinoamericanas, junto con los emergentes libertarios regionales, manifiestan que Washington debería intervenir más en las circunstancias del área que ellos aceptan como el “patio trasero” de los Estados Unidos.
Constantemente, en sus reuniones privadas y en foros abiertos, mucho más en las primeras que en los últimos, muestran un cierto desconcierto ante la dinámica de las políticas de Donald Trump de restarle, por el momento, una importancia prioritaria a Latinoamérica en su conjunto y dejarla, dicen estos cuestionadores, casi a su suerte o sin una atención significativa.
Si bien no todos comparten la misma unidad política, pero tanto la sensación y como esa afirmación se encuentran en todos ellos, en una creencia generalizada de que Trump tiene que girar hacia los países que están geográficamente debajo de EE. UU.
Tenemos que comprender que estos neoliberales y libertarios no pueden vivir sin ser lacayos de las facciones atlántico-globalistas y, en su visión de mundo, existe la idea de todos y cada uno de sus países tienen que ser sólo y únicamente una factoría anglo-estadounidense.
Entonces, al ver que, por razones diversas, Trump no dirige sus preocupaciones hacia la agenda latinoamericana, entran un poco en shock ante el temor de que, tarde o temprano, se produzcan, en la región, cambios cardinales que harían peligrar y/o perder sus posesiones patrimoniales y sus participaciones en los procesos de poder de sus países respectivos.
Agrava las críticas hacia Trump, por parte de esos sectores, el hecho de que un gran número de sus miembros son, literalmente hablando, antitéticos de los presupuestos intelectuales fundamentales y de las intenciones finales de la plataforma de Trump.
Un grupo de analistas podrá señalar que, a causa de las dificultades que tienen otros entornos internacionales que demandan la preocupación de Trump, la administración política vigente de EE.UU. no pudo concentrarse debidamente en la zona latinoamericana.
Esta opinión es cierta sólo en una parte de la realidad ya que Trump, según la evidencia, no pensó ni diseñó ningún plan maestro para el bloque latinoamericano y, al parecer, no tiene muchos deseos y, probablemente, no dispondrá del tiempo suficiente, para reeditar en su misma proporción las políticas de los Clinton, Bush, Obama y otros; lo que no implicaría que tenga el propósito de dejar a la región plenamente libre para el liderazgo de polos extra-continentales.


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